José Luis Bote: la fidelidad al toreo clásico
Publicado: Dom May 04, 2025 5:33 pm
José Luis Bote: la fidelidad al toreo clásico
José Luis Bote nació en Madrid el 27 de abril de 1965. Hijo de una familia aficionada, recordaba con emoción las visitas a la Venta del Batán acompañado por su padre, donde contemplaba a los toros que serían lidiados en Las Ventas. Allí nació una vocación precoz que pronto se traduciría en disciplina, temple y entrega.
Ingresó muy joven en la Escuela de Tauromaquia de Madrid, donde despuntó por su elegancia natural con los trastos. En los años 1981 y 1982 formó parte del trío apodado "los tres mosqueteros", junto a Joselito y El Fundi. Recorrieron España, Francia y Portugal en certámenes de escuelas taurinas, sembrando el nombre de la capital como cantera de toreros.
El 22 de septiembre de 1987 tomó la alternativa en Villaviciosa de Odón (Madrid), en un cartel compartido con sus compañeros de escuela: Joselito como padrino y El Fundi como testigo. Lidiaron toros de Manuel San Román. Bote cortó dos orejas a su primer toro, en una tarde que marcó un debut ilusionante. Confirmó la alternativa el 22 de mayo de 1988 en la Plaza de Las Ventas, con idéntico reparto en el cartel y toros de Sayalero y Bandrés.
En 1989, sufrió una cornada severa en Benidorm que le destrozó el duodeno, rozó el hígado y partió el uréter, manteniéndolo inactivo varios meses. Pese a la gravedad de las lesiones, se recuperó a base de tenacidad y disciplina. Tres años más tarde, en 1992, en Las Ventas, un toro de Alonso Moreno de la Cova le causó una fractura en las vértebras 10 y 11, con contusión medular, lo que generó fundados temores de parálisis. Este percance lo alejó de los ruedos durante dos años, y su regreso se consideró un acto de gran coraje.
Entre 1994 y 1995 protagonizó varias actuaciones de mérito en la plaza de su ciudad. Faenas sin puerta grande pero con eco en los tendidos. El público del 7, tan exigente como leal, le adoptó como representante de un toreo puro, de ritmo lento, sin concesiones.
El punto de inflexión llegó el 5 de mayo de 1996, en la Feria de San Marcos de Aguascalientes, México. Aquella tarde, José Luis Bote cortó cuatro orejas y dos rabos, en una de las actuaciones más redondas que se recuerdan en la plaza Monumental. Este triunfo, junto con la confirmación de alternativa en La México (oreja con ganado de Jesús Cabrera) en la terna con Manolo Arruza y Alejandro Silvetti, le devolvió al primer plano y consolidó su prestigio en América.
En 1999 logró cortar una oreja en Las Ventas el 9 de mayo, a un toro de Ramón Sánchez Ybargüen. Fue una de las doce orejas concedidas en toda la temporada. A pesar de estos méritos, la falta de contratos y las inercias del sistema taurino limitaron sus oportunidades.
Toreó también en Francia (como en Céret en 1989, con Palomar y Nimeño II) y en Portugal, siempre con una actitud de máxima entrega y fidelidad a su estilo. La espada, a veces defectuosa, y su negativa a rebajar su concepto estético, le privaron de cifras más altas en su palmarés.
En el año 2000 toreó en plazas de relevancia como Castellón, Valencia, Sevilla y Bilbao. En esta última, el 15 de agosto, resultó herido junto a El Califa por un toro de Juan Luis Fraile. Volvió a los ruedos una vez más, en 2001, para enfrentarse a los toros de Victorino Martín en Valencia y Castellón.
Ese mismo año, una cogida en la Feria de San Isidro le causó daños severos en la médula espinal. Aunque no fue una cornada mortal, el percance marcó el final de su carrera activa como matador. Su retirada fue discreta, sin alharacas, como todo en su vida profesional.
Tras una larga y dolorosa rehabilitación, Bote encontró un nuevo lugar en el toreo: la enseñanza. Asumió la dirección de la Escuela de Tauromaquia Marcial Lalanda, en la Venta del Batán, donde él mismo se había formado. De sus manos salieron decenas de novilleros, algunos con proyección internacional.
El cierre de la escuela en 2016, bajo decisión del Ayuntamiento de Madrid, fue para él una profunda decepción. No obstante, continuó vinculado al mundo taurino como comentarista, asesor artístico y conferenciante. Su voz pausada y clara, sin estridencias, sigue siendo escuchada con respeto.
José Luis Bote no fue un torero de números, sino de ideas. Su legado no se mide en puertas grandes, sino en coherencia, estética y dignidad. Representó un toreo que no siempre fue comprendido, pero que nunca fue traicionado.
Hoy, la afición madrileña lo recuerda como uno de los suyos. Un torero de Madrid, con acento de verdad. Un maestro silencioso, que hizo del toreo clásico una forma de estar en el mundo.
José Luis Bote nació en Madrid el 27 de abril de 1965. Hijo de una familia aficionada, recordaba con emoción las visitas a la Venta del Batán acompañado por su padre, donde contemplaba a los toros que serían lidiados en Las Ventas. Allí nació una vocación precoz que pronto se traduciría en disciplina, temple y entrega.
Ingresó muy joven en la Escuela de Tauromaquia de Madrid, donde despuntó por su elegancia natural con los trastos. En los años 1981 y 1982 formó parte del trío apodado "los tres mosqueteros", junto a Joselito y El Fundi. Recorrieron España, Francia y Portugal en certámenes de escuelas taurinas, sembrando el nombre de la capital como cantera de toreros.
El 22 de septiembre de 1987 tomó la alternativa en Villaviciosa de Odón (Madrid), en un cartel compartido con sus compañeros de escuela: Joselito como padrino y El Fundi como testigo. Lidiaron toros de Manuel San Román. Bote cortó dos orejas a su primer toro, en una tarde que marcó un debut ilusionante. Confirmó la alternativa el 22 de mayo de 1988 en la Plaza de Las Ventas, con idéntico reparto en el cartel y toros de Sayalero y Bandrés.
En 1989, sufrió una cornada severa en Benidorm que le destrozó el duodeno, rozó el hígado y partió el uréter, manteniéndolo inactivo varios meses. Pese a la gravedad de las lesiones, se recuperó a base de tenacidad y disciplina. Tres años más tarde, en 1992, en Las Ventas, un toro de Alonso Moreno de la Cova le causó una fractura en las vértebras 10 y 11, con contusión medular, lo que generó fundados temores de parálisis. Este percance lo alejó de los ruedos durante dos años, y su regreso se consideró un acto de gran coraje.
Entre 1994 y 1995 protagonizó varias actuaciones de mérito en la plaza de su ciudad. Faenas sin puerta grande pero con eco en los tendidos. El público del 7, tan exigente como leal, le adoptó como representante de un toreo puro, de ritmo lento, sin concesiones.
El punto de inflexión llegó el 5 de mayo de 1996, en la Feria de San Marcos de Aguascalientes, México. Aquella tarde, José Luis Bote cortó cuatro orejas y dos rabos, en una de las actuaciones más redondas que se recuerdan en la plaza Monumental. Este triunfo, junto con la confirmación de alternativa en La México (oreja con ganado de Jesús Cabrera) en la terna con Manolo Arruza y Alejandro Silvetti, le devolvió al primer plano y consolidó su prestigio en América.
En 1999 logró cortar una oreja en Las Ventas el 9 de mayo, a un toro de Ramón Sánchez Ybargüen. Fue una de las doce orejas concedidas en toda la temporada. A pesar de estos méritos, la falta de contratos y las inercias del sistema taurino limitaron sus oportunidades.
Toreó también en Francia (como en Céret en 1989, con Palomar y Nimeño II) y en Portugal, siempre con una actitud de máxima entrega y fidelidad a su estilo. La espada, a veces defectuosa, y su negativa a rebajar su concepto estético, le privaron de cifras más altas en su palmarés.
En el año 2000 toreó en plazas de relevancia como Castellón, Valencia, Sevilla y Bilbao. En esta última, el 15 de agosto, resultó herido junto a El Califa por un toro de Juan Luis Fraile. Volvió a los ruedos una vez más, en 2001, para enfrentarse a los toros de Victorino Martín en Valencia y Castellón.
Ese mismo año, una cogida en la Feria de San Isidro le causó daños severos en la médula espinal. Aunque no fue una cornada mortal, el percance marcó el final de su carrera activa como matador. Su retirada fue discreta, sin alharacas, como todo en su vida profesional.
Tras una larga y dolorosa rehabilitación, Bote encontró un nuevo lugar en el toreo: la enseñanza. Asumió la dirección de la Escuela de Tauromaquia Marcial Lalanda, en la Venta del Batán, donde él mismo se había formado. De sus manos salieron decenas de novilleros, algunos con proyección internacional.
El cierre de la escuela en 2016, bajo decisión del Ayuntamiento de Madrid, fue para él una profunda decepción. No obstante, continuó vinculado al mundo taurino como comentarista, asesor artístico y conferenciante. Su voz pausada y clara, sin estridencias, sigue siendo escuchada con respeto.
José Luis Bote no fue un torero de números, sino de ideas. Su legado no se mide en puertas grandes, sino en coherencia, estética y dignidad. Representó un toreo que no siempre fue comprendido, pero que nunca fue traicionado.
Hoy, la afición madrileña lo recuerda como uno de los suyos. Un torero de Madrid, con acento de verdad. Un maestro silencioso, que hizo del toreo clásico una forma de estar en el mundo.