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Foros Toreros • Juan Ortega, torero de pureza y silencio, despacioso y clásico
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Juan Ortega, torero de pureza y silencio, despacioso y clásico

Publicado: Dom Dic 07, 2025 12:29 am
por EstoEsElPueblo
Juan Ortega, torero de pureza y silencio, despacioso y clásico

Juan Ortega, nacido en Triana -Sevilla- el 8 de octubre del 90, es de los pocos que hoy pueden presumir de torear como se toreaba en Sevilla cuando Sevilla mandaba. De niño ya se escapaba a los tentaderos de la finca familiar en Monasterios; allí le venía el toro en la sangre.

Juan Ortega debutó con los del castoreño en Córdoba en 2011; tomó la alternativa el 27 de septiembre de 2014 en Pozoblanco, Córdoba, siendo padrino Enrique Ponce y como testigo José María Manzanares. Confirmó en Madrid en el día de Domingo de Ramos de 2016, el 20 de marzo, con el arranque de la primavera; coincidió la misma terna que terminó la temporada de 2015: Curro Díaz y David Galván. Poco le gusta correr de feria en feria; prefiere esperar su toro y su tarde. Y cuando le sale, no hay Maestranza que no se ponga en pie.
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Lo que distingue a Juan Ortega es que torea como si el tiempo le sobrara y, paradójicamente, como si se le acabara.

Cuando coge la muleta y se pone en la cara del toro, no hay prisa: planta los pies, abre los brazos, cita de frente y lo lleva cosido desde la primera embroque, sin un solo engaño de más. El toro sale por un lado y él sigue en el mismo sitio, esperándolo en el terreno exacto para el siguiente pase. Así, muy quedo, sin que la muleta se adelante ni se quede nunca atrás. Eso es lo que en Sevilla llaman “darle el sitio justo” y él lo da como si lo midiera con regla.

Los naturales suyos son de los que hacen callar a la Maestranza. No son largos de recorrido, son largos de duración: los empieza despacio, los acompaña hasta el final y cuando parece que ya ha terminado, todavía le queda medio viaje más para rematarlo por abajo, limpísimo. El toro se queda humillado, la muleta queda quieta y el tendido se queda con la boca abierta. Yo he visto a gente mayor, de los que vieron a Curro y a Pepe Luis, decir sin cortarse: “Esto es lo más parecido que hemos visto en muchos años”.

No necesita alzar la voz ni forzar la máquina. Le basta con estar donde tiene que estar y dejar que el toro haga el resto. Por eso cuando le sale redondo (como con “Cocinero” de Domingo Hernández en la Feria de Abril del 24 o con aquel castaño de Núñez del Cuvillo en Madrid el año anterior) la plaza entera siente que está viendo toreo de verdad, de ese que no se explica con palabras, solo se siente en el pecho.

En resumen: Ortega no inventa nada nuevo; simplemente recuerda cómo se hacía cuando el toreo era arte y no espectáculo. Y lo hace tan puro y tan despacio que parece que para el reloj… hasta que te das cuenta de que lo que ha parado es el corazón de los que miran.

Juan Ortega, con treinta y cinco abriles y la carrera todavía en la cresta de la ola, ya ha puesto su firma en un tipo de toreo que no se ve todos los días. No le busquen estridencias ni arranques de motor: su tauromaquia es de las que se disfrutan en silencio, de las que te hacen bajar la voz cuando hablas con el de al lado porque cualquier grito sobra.

Él no persigue el petardo fácil; busca la emoción que solo da el toreo clásico cuando se lleva hasta el borde mismo de la quietud. Y ahí, en ese filo, es donde se crece. Lo hemos visto en tardes que ya quedan para el recuerdo: la faena al toro de Domingo Hernández en la Feria de Abril del 24, cuando la Maestranza se vino abajo sin que él moviese un milímetro más de lo necesario; o aquel castaño de Núñez del Cuvillo en Madrid, al que le sacó naturales tan largos y tan despacio que parecía que la plaza entera respiraba con la muleta.

En Valladolid, en Granada, en la San Miguel sevillana, en la última corrida de Bilbao… siempre lo mismo: cuando el toro embiste con clase, Ortega lo coge, lo coloca, lo templa y lo lleva tan despacio que uno tiene la sensación de estar viendo una película pasada a cámara lenta. Toreo al ralentí, sí, pero no como truco de efecto: al ralentí porque así se siente de verdad cada viaje, cada embroque, cada reunión. Y cuando el toro se entrega, aquello ya no es torear; es rezar de pie.

Todavía le quedan muchas tardes por delante, pero lo que ya ha dejado claro es que la pureza no ha muerto en Sevilla. Y mientras él siga en los ruedos, el toreo clásico, ese que parecía condenado a ser nostalgia, vuelve a tener pulso, carne y futuro.

Re: Juan Ortega, torero de pureza y silencio, despacioso y clásico

Publicado: Dom Ene 11, 2026 9:31 am
por Ramajo
Una tarde importantítisma para Ortega fue Valdemorillo en 2023. Necesitaba una faena para despegar y fue en la primera de la tempora. El arranque que lo puso en el mapa. Fue un mano a mano con Emilio de Justo, lidió un José Vázquez exigente pero con clase. Faena de biografía: verónicas de recibo, naturales hilados y un final a pies juntos que erizó la piel. Pinchó un pelín, pero el toreo puro compensó.

Re: Juan Ortega, torero de pureza y silencio, despacioso y clásico

Publicado: Mar Ene 13, 2026 3:31 pm
por Alubio
Juan Ortega tiene más sombra que presencia, más fama y reconocimiento entre las redes que entre el público que paga entrada: no llena plazas, ninguna; como Daniel Luque, otro torero con fama pero que no tiene tanto público como él cree.