Hace casi 20 años El Mundo publicó un capítulo de las memorias de María Teresa Campos; en este capítulo, la comunicadora cuenta cómo conoció al que iba a ser su novio y, poco después, su marido.
Cómo conoció a su marido
https://www.elmundo.es/magazine/2004/24 ... 80814.html
En la radio, sin salir de sus paredes, conocí al hombre que se convertiría después en mi marido: José María Borrego. Curiosamente, no era el compañero que más me gustaba. Le tenía echado el ojo a otro, pero la casualidad propició, una vez más, que mi vida tomara un nuevo rumbo. Estábamos un día José María y yo hablando de toros. Le dije que nunca había ido a una corrida. Él, que al parecer ya estaba interesado en mí y buscaba una oportunidad, encontró una excusa perfecta para vernos fuera del trabajo:
–Precisamente tengo un par de entradas para la corrida de esta tarde. –Y esa tarde, en la plaza de toros de Málaga, José María y yo salimos juntos por primera vez.
Recuerdo la ilusión que tenía por asistir a un espectáculo que tanto me llamaba la atención, algo que jamás había visto y que me producía mucha curiosidad. En el cartel estaba, nada más y nada menos, que Antonio Bienvenida. El maestro esperó el toro a puerta gayola, esa suerte arriesgada y valiente reservada a los grandes diestros. Pero el animal lo embistió y derribó, causándole heridas de importancia. Aquello me produjo una impresión tremenda. Era la primera vez que veía a un toro en una plaza y tuvo que suceder algo tan desafortunado.
A partir de esa primera salida comienza mi relación con quien sería mi marido y padre de mis dos hijas. Tenía ?6 años y él 22, pero era un hombre fuerte y grande que parecía mayor y con él me sentía protegida. Nos hicimos novios. Éste iba a ser el definitivo. A los dos nos unía la radio. Ese fue toda la vida nuestro mayor punto de acercamiento. Juntos hemos ido a muchas fiestas, a muchos sitios, y siempre lo hemos hecho por nuestro trabajo. Cuando le conocí, yo era una persona muy alegre; me encantaba bailar y pasármelo bien.
Él era muy serio, bastante adusto. Tenía seis años más que yo, aunque, como ya he dicho, por su físico y personalidad la diferencia parecía más abultada.