Juan Bautista: el torero del clasicismo francés en la cátedra del toro
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Juan Bautista: el torero del clasicismo francés en la cátedra del toro
Juan Bautista: el torero del clasicismo francés en la cátedra del toro
Un torero de Arlés entre dos culturas
Jean Baptiste Jalabert, conocido universalmente como Juan Bautista, nació el 12 de julio de 1981 en Arlés, en el departamento francés de Bocas del Ródano, en el corazón mismo de la Camarga. No fue un nacimiento casual ni neutro: Arlés es una ciudad donde el toro no es un símbolo abstracto, sino una presencia cotidiana, cultural y emocional. Allí, entre anfiteatros romanos, corrales y plazas, el toreo forma parte de la respiración colectiva.
Hijo de Luc Jalabert (1951–2018), rejoneador, ganadero y director de la plaza de toros de Arlés, Juan Bautista creció dentro de una familia donde el toro no era una afición, sino una forma de vida. Aquella herencia no fue una carga, pero sí una responsabilidad asumida desde muy pronto. El niño aprendió antes a leer el comportamiento de una res que a memorizar consignas escolares, y entendió desde temprano que el toreo no admite imposturas.
Infancia, entorno y vocación temprana
La infancia de Juan Bautista transcurrió entre tentaderos, viajes taurinos y conversaciones de profesionales. No hubo en él un descubrimiento tardío de la vocación: el deseo de ser torero apareció de manera precoz y sostenida. Toreó de manera informal desde edad muy temprana y, ya en la adolescencia, su determinación estaba fuera de toda duda. Él mismo lo resumiría años después con una frase simple y reveladora: nunca contempló convertirse en otra cosa.
Su formación se desarrolló entre Francia y España, entendiendo pronto que, para ser torero de verdad, debía asumir la doble exigencia: la sensibilidad francesa y el rigor técnico español. No buscó atajos ni etiquetas. Se educó en la disciplina, en el respeto al toro y en una concepción clásica del oficio.
Los primeros pasos: del becerro al novillo
Se vistió de luces por primera vez como becerrista el 28 de abril de 1996 en Pinoso (Alicante), compartiendo cartel con otros jóvenes aspirantes y lidiando reses de Manuel Patón. Aquella tarde marcó el inicio visible de una carrera que avanzaría con paso firme.
El debut con picadores se produjo el 14 de marzo de 1998 en Querétaro (México), ante novillos de Los Martínez, cortando una oreja. En España, su presentación llegó el 27 de junio de 1998 en Mucientes (Valladolid), donde dejó constancia de su temple y capacidad lidiadora.
El gran aldabonazo como novillero tuvo lugar el 3 de junio de 1999 en Las Ventas, en plena Feria de San Isidro. Aquella tarde, frente a novillos de El Puerto de San Lorenzo, cortó una oreja a cada uno de su lote y abrió la Puerta Grande de Madrid. Un hecho excepcional para un novillero francés, que lo situó inmediatamente en primera línea.
La alternativa: Arlés como punto de partida
La alternativa llegó el 11 de septiembre de 1999 en Arlés, su ciudad natal, en una tarde cargada de simbolismo. Actuó como padrino Juan Antonio Ruiz “Espartaco”, con César Rincón como testigo. El toro de la ceremonia, “Sevillano”, pertenecía a la ganadería de Zalduendo. Juan Bautista cortó una oreja y salió del ruedo con la serenidad de quien sabe que empieza lo verdaderamente difícil.
Confirmó la alternativa en Madrid el 2 de octubre de 1999, con Vicente Barrera de padrino y Eugenio de Mora como testigo, ante el toro “Llama Triste” de Santiago Domecq. En México, la confirmación tuvo lugar el 29 de octubre de 2000, con Federico Pizarro como padrino.
Consolidación, triunfos y silencios
La temporada 2000 marcó un inicio prometedor como matador de toros: 51 corridas, 61 orejas, vueltas al ruedo en Madrid y triunfos en plazas como Nimes, Dax, Béziers y Arlés. Su nombre se asentó con fuerza en el circuito francés y comenzó a ser habitual en ferias españolas.
No obstante, su carrera no fue lineal. En 2003, tras una temporada irregular, decidió parar en Floirac el 18 de mayo. Aquella retirada temporal fue un acto de honestidad profesional poco frecuente. Regresó en 2005, reapareciendo en Arlés el 25 de marzo, cortando una oreja a un toro de Domingo Hernández.
Madrid: la plaza que mide a los toreros
El 6 de octubre de 2007, Juan Bautista salió a hombros por la Puerta Grande de Madrid, tras cortar dos orejas a un toro de El Puerto de San Lorenzo. Aquella tarde marcó su madurez definitiva. En 2010, volvió a salir a hombros de Las Ventas, siendo uno de los dos únicos toreros que lo lograron ese año.
En total, logró tres salidas a hombros en Madrid: una como novillero y dos como matador. Madrid no fue para él una plaza cómoda, pero sí justa, y en ella dejó siempre una imagen de torero serio, responsable y técnicamente solvente.
Estilo y concepto del toreo
Juan Bautista fue un torero de clasicismo depurado, ajeno a gestos innecesarios. Su toreo se basó en el temple, la colocación y el conocimiento de los terrenos. Destacó como estoqueador fiable, uno de los más seguros de su generación, virtud que le permitió convertir faenas sólidas en triunfos reales.
Su respeto al toro fue una constante. Toreó encastes diversos, se adaptó a plazas difíciles y mantuvo una regularidad notable en escenarios marcados por el viento y la exigencia, como los del sur de Francia.
Retirada y continuidad
Tras el fallecimiento de su padre en marzo de 2018, Juan Bautista anunció su retirada el 9 de septiembre de ese año. Se despidió de España el 6 de octubre de 2018 en Zaragoza y cerró definitivamente su etapa como matador el 7 de septiembre de 2019, en la Corrida Goyesca de Arlés, exactamente veinte años después de su alternativa.
Empresario, ganadero y memoria viva del toreo francés
Tras colgar el traje de luces, asumió la gestión empresarial de la plaza de Arlés, junto a su hermana Lola Jalabert, consolidando la ciudad como uno de los grandes centros taurinos de Francia. Mantiene la ganadería familiar de encaste Santa Coloma y ha ejercido labores de apoderamiento.
En 2020 publicó su libro autobiográfico «Juan Bautista, par lui-même», donde reflexiona sobre el oficio, la pérdida y el sentido profundo del toreo.
Hoy, Juan Bautista es una figura imprescindible para entender la tauromaquia francesa contemporánea: un torero que cruzó fronteras sin renunciar a su identidad y que sigue defendiendo el toro desde la responsabilidad, la gestión y la memoria.
Un torero de Arlés entre dos culturas
Jean Baptiste Jalabert, conocido universalmente como Juan Bautista, nació el 12 de julio de 1981 en Arlés, en el departamento francés de Bocas del Ródano, en el corazón mismo de la Camarga. No fue un nacimiento casual ni neutro: Arlés es una ciudad donde el toro no es un símbolo abstracto, sino una presencia cotidiana, cultural y emocional. Allí, entre anfiteatros romanos, corrales y plazas, el toreo forma parte de la respiración colectiva.
Hijo de Luc Jalabert (1951–2018), rejoneador, ganadero y director de la plaza de toros de Arlés, Juan Bautista creció dentro de una familia donde el toro no era una afición, sino una forma de vida. Aquella herencia no fue una carga, pero sí una responsabilidad asumida desde muy pronto. El niño aprendió antes a leer el comportamiento de una res que a memorizar consignas escolares, y entendió desde temprano que el toreo no admite imposturas.
Infancia, entorno y vocación temprana
La infancia de Juan Bautista transcurrió entre tentaderos, viajes taurinos y conversaciones de profesionales. No hubo en él un descubrimiento tardío de la vocación: el deseo de ser torero apareció de manera precoz y sostenida. Toreó de manera informal desde edad muy temprana y, ya en la adolescencia, su determinación estaba fuera de toda duda. Él mismo lo resumiría años después con una frase simple y reveladora: nunca contempló convertirse en otra cosa.
Su formación se desarrolló entre Francia y España, entendiendo pronto que, para ser torero de verdad, debía asumir la doble exigencia: la sensibilidad francesa y el rigor técnico español. No buscó atajos ni etiquetas. Se educó en la disciplina, en el respeto al toro y en una concepción clásica del oficio.
Los primeros pasos: del becerro al novillo
Se vistió de luces por primera vez como becerrista el 28 de abril de 1996 en Pinoso (Alicante), compartiendo cartel con otros jóvenes aspirantes y lidiando reses de Manuel Patón. Aquella tarde marcó el inicio visible de una carrera que avanzaría con paso firme.
El debut con picadores se produjo el 14 de marzo de 1998 en Querétaro (México), ante novillos de Los Martínez, cortando una oreja. En España, su presentación llegó el 27 de junio de 1998 en Mucientes (Valladolid), donde dejó constancia de su temple y capacidad lidiadora.
El gran aldabonazo como novillero tuvo lugar el 3 de junio de 1999 en Las Ventas, en plena Feria de San Isidro. Aquella tarde, frente a novillos de El Puerto de San Lorenzo, cortó una oreja a cada uno de su lote y abrió la Puerta Grande de Madrid. Un hecho excepcional para un novillero francés, que lo situó inmediatamente en primera línea.
La alternativa: Arlés como punto de partida
La alternativa llegó el 11 de septiembre de 1999 en Arlés, su ciudad natal, en una tarde cargada de simbolismo. Actuó como padrino Juan Antonio Ruiz “Espartaco”, con César Rincón como testigo. El toro de la ceremonia, “Sevillano”, pertenecía a la ganadería de Zalduendo. Juan Bautista cortó una oreja y salió del ruedo con la serenidad de quien sabe que empieza lo verdaderamente difícil.
Confirmó la alternativa en Madrid el 2 de octubre de 1999, con Vicente Barrera de padrino y Eugenio de Mora como testigo, ante el toro “Llama Triste” de Santiago Domecq. En México, la confirmación tuvo lugar el 29 de octubre de 2000, con Federico Pizarro como padrino.
Consolidación, triunfos y silencios
La temporada 2000 marcó un inicio prometedor como matador de toros: 51 corridas, 61 orejas, vueltas al ruedo en Madrid y triunfos en plazas como Nimes, Dax, Béziers y Arlés. Su nombre se asentó con fuerza en el circuito francés y comenzó a ser habitual en ferias españolas.
No obstante, su carrera no fue lineal. En 2003, tras una temporada irregular, decidió parar en Floirac el 18 de mayo. Aquella retirada temporal fue un acto de honestidad profesional poco frecuente. Regresó en 2005, reapareciendo en Arlés el 25 de marzo, cortando una oreja a un toro de Domingo Hernández.
Madrid: la plaza que mide a los toreros
El 6 de octubre de 2007, Juan Bautista salió a hombros por la Puerta Grande de Madrid, tras cortar dos orejas a un toro de El Puerto de San Lorenzo. Aquella tarde marcó su madurez definitiva. En 2010, volvió a salir a hombros de Las Ventas, siendo uno de los dos únicos toreros que lo lograron ese año.
En total, logró tres salidas a hombros en Madrid: una como novillero y dos como matador. Madrid no fue para él una plaza cómoda, pero sí justa, y en ella dejó siempre una imagen de torero serio, responsable y técnicamente solvente.
Estilo y concepto del toreo
Juan Bautista fue un torero de clasicismo depurado, ajeno a gestos innecesarios. Su toreo se basó en el temple, la colocación y el conocimiento de los terrenos. Destacó como estoqueador fiable, uno de los más seguros de su generación, virtud que le permitió convertir faenas sólidas en triunfos reales.
Su respeto al toro fue una constante. Toreó encastes diversos, se adaptó a plazas difíciles y mantuvo una regularidad notable en escenarios marcados por el viento y la exigencia, como los del sur de Francia.
Retirada y continuidad
Tras el fallecimiento de su padre en marzo de 2018, Juan Bautista anunció su retirada el 9 de septiembre de ese año. Se despidió de España el 6 de octubre de 2018 en Zaragoza y cerró definitivamente su etapa como matador el 7 de septiembre de 2019, en la Corrida Goyesca de Arlés, exactamente veinte años después de su alternativa.
Empresario, ganadero y memoria viva del toreo francés
Tras colgar el traje de luces, asumió la gestión empresarial de la plaza de Arlés, junto a su hermana Lola Jalabert, consolidando la ciudad como uno de los grandes centros taurinos de Francia. Mantiene la ganadería familiar de encaste Santa Coloma y ha ejercido labores de apoderamiento.
En 2020 publicó su libro autobiográfico «Juan Bautista, par lui-même», donde reflexiona sobre el oficio, la pérdida y el sentido profundo del toreo.
Hoy, Juan Bautista es una figura imprescindible para entender la tauromaquia francesa contemporánea: un torero que cruzó fronteras sin renunciar a su identidad y que sigue defendiendo el toro desde la responsabilidad, la gestión y la memoria.
Un foro
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Re: Juan Bautista: el torero del clasicismo francés en la cátedra del toro
Antes de una encerrona en Istres, vio en el campo a un toro llamado Golosino. Le llamó la atención desde lejos. Cambió el orden del lote para poder lidiarlo. Aquella tarde, el toro fue indultado. Tiempo después, ya retirado, fue a verlo a la finca. Dijo que algunos toros no se olvidan nunca, porque te enseñan más de lo que tú crees haberles dado.
Re: Juan Bautista: el torero del clasicismo francés en la cátedra del toro
Cuentan y lo dice él mismo también, que sus primeros años en España, Juan Bautista sabía que el idioma podía jugarle malas pasadas. No quería parecer distante ni torpe delante del público ni de la prensa. Por eso, antes de cada corrida importante, ensayaba en silencio dos frases en castellano, siempre las mismas. Una para agradecer al público. Otra para mostrar respeto al toro. Sus compañeros de cuadrilla lo veían repetirlas en voz baja, como si fueran parte del ritual. Nunca improvisaba. Prefería decir poco y decirlo bien. El público, sin saberlo, terminó apreciando ese esfuerzo contenido.
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Franky Steyn
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Re: Juan Bautista: el torero del clasicismo francés en la cátedra del toro
Hay imágenes qeu se quedan grabadas, y yo tengo grabada esta imagen de un torero bajo la lluvia. En Nîmes, una tromba de agua cayó justo cuando iba a comenzar su faena. El ruedo se volvió peligroso, el público con chubasqueros y tal, se removía inquieto y muchos miraban al palco esperando la suspensión. Juan Bautista no se movió. Permaneció quieto, empapado, mirando al toro, como si la lluvia no existiera. Cuando el chaparrón aflojó, toreó con el traje pegado al cuerpo y el riesgo constante de resbalar. No sólo riesgo, es que se veía que a veces resbalaba un poco; y el toro también. Había muchísimo peligro. Aquella imagen —torero y toro bajo el agua— se me quedó grabada como una de las más grandes y llenas de fuerza.
Re: Juan Bautista: el torero del clasicismo francés en la cátedra del toro
Yo he oído esto de Juan Bautista: La noche anterior a una corrida importante, sobre todo en Madrid o Sevilla, siempre pide un vaso de pastis. No para beberlo, además es un licor muy fuerte. Cuenta que lo dejaba en la mesa del hotel y, de vez en cuando, lo acercaba a la nariz. Decía que ese olor le devolvía a la Provenza, a su infancia, a la calma. Era una manera silenciosa de viajar a casa antes de vestirse de luces. Al día siguiente, el vaso seguía intacto.
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Franky Steyn
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Re: Juan Bautista: el torero del clasicismo francés en la cátedra del toro
Atentos a este consejo que le cambió la manera de matar: En una temporada irregular, un viejo matador español ya retirado se le acercó tras una corrida. Le dijo algo que Juan Bautista no olvidó: que escuchar demasiado al toro podía llevar a dudar en el momento de mandar. Que la espada no era una firma elegante, sino la última palabra. A la siguiente, salió decidido. Aquella tarde cuajó una faena redonda, rematada con una estocada seca y definitiva. Desde entonces, entendió la suerte suprema como un acto de convicción, no solo de técnica.
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Franky Steyn
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Re: Juan Bautista: el torero del clasicismo francés en la cátedra del toro
Cuando abrió la Puerta Grande de Las Ventas como novillero, en junio de 1999, aún no había cumplido los 18 años. Muchos en los tendidos no lo sabían. Otros lo supieron después y no lo creyeron. Aquella tarde, en plena Feria de San Isidro, toreó con una seguridad impropia de su edad. Años más tarde confesaría que vivió la novillada como un sueño irreal, uno de esos que solo se entienden con el paso del tiempo.
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Franky Steyn
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Re: Juan Bautista: el torero del clasicismo francés en la cátedra del toro
En San Isidro de 2016, cerró una faena con una estocada en la suerte de recibir. No era una faena de alardes, sino de verticalidad y temple. Citó al toro de frente y lo esperó sin moverse. La plaza entera se levantó. Él mismo reconoció después que aquel fue uno de esos momentos en los que todo encaja y el oficio se impone al miedo.
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Franky Steyn
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Re: Juan Bautista: el torero del clasicismo francés en la cátedra del toro
En Logroño, en 2017, cuajó un toro de Victorino Martín hasta el punto de que el público pidió el indulto. No se concedió, pero la faena quedó como una de las más completas de su carrera. Un año después, en la misma plaza y con el mismo hierro, llegó su primera cornada grave. Trece centímetros en el muslo. Hospital, silencio y recuperación. Muchos dijeron entonces que había pagado tarde una deuda que el toro le había perdonado durante años.
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Franky Steyn
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Re: Juan Bautista: el torero del clasicismo francés en la cátedra del toro
Atentos a esta: En 2013 decidió donar una corrida en Nîmes a beneficio de la Unión de Toreros. Cuando se presentó el cartel, él no estaba incluido. El motivo era simple y crudo: era francés. Aquello lo indignó profundamente. Dimitió de la Unión y denunció públicamente el trato desigual. No fue un gesto cómodo, pero sí coherente con su manera de entender la profesión. Algunos compañeros lo apoyaron sin matices.