Camilo José Cela: literatura, poder y provocación. Quise ser torero, solo fui Premio Nobel
Re: Camilo José Cela: literatura, poder y provocación. Quise ser torero, solo fui Premio Nobel
El "Viti" y la sobriedad: Sentía una admiración profunda por Santiago Martín "El Viti", cuya sobriedad castellana comparaba con la precisión de su propia prosa. A Cela le gustaba hablar bien de sí mismo; y especialmente que los demás hablaran bien de Camilo J. Cela.
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La relación de Cela con los toros fue la de un aficionado "heterodoxo" y un observador de la estética de la lidia, y escritor, también del mundo taurino.
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Le gustaba asistir a tentaderos y tientas en ganaderías, mostrando interés no solo por el espectáculo público sino por los aspectos más técnicos y ganaderos de la fiesta.
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El gallego y su cuadrilla: Ay, amigos, recordemos aquel agosto abrasador en un pueblucho toledano, donde el sol pegaba como un martillo en la plaza improvisada. Era una de esas corridas de pueblo, con más polvo que gloria, y el aire cargado de sudor y expectación. Ahí empezó todo, con la multitud apiñada, esperando el espectáculo que prometía ser inolvidable... aunque no por las razones que imaginaban.
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Cela cuenta en su libro y describe cómo era el toro. ¡Ja! ¿El toro? Un vejestorio con cuernos que parecía más un abuelo cansado que un fiero astado. No bravo, no, señor; manso como un cordero con resaca. Lo trajeron de quién sabe dónde, probablemente de un corral olvidado, y el pobre bicho apenas tenía ganas de embestir. Pero claro, en estos pueblos, cualquier cosa con cuatro patas sirve para fingir tauromaquia. ¡Qué arte, qué elegancia!
Re: Camilo José Cela: literatura, poder y provocación. Quise ser torero, solo fui Premio Nobel
traje raído y su capa hecha jirones, como si fuera a conquistar el mundo. ¡Pero qué horror! El toro, ese demonio disfrazado de vaca vieja, lo miró con ojos de muerte y, ¡zas!, en plena faena, le clavó el cuerno en el cuello. Sangre por todas partes, un chorro rojo que salpicaba la arena como si el cielo se hubiera abierto en ira. ¡Ay, qué agonía, qué espanto!