Pierrette Le Bourdiec, la parisina que cambió el estoque por las riendas

De las cosas de MadridGratis: ocio gratis o muy barato en Madrid, consejos de ahorro; y curiosidades varias.

Moderadores: EstoEsElPueblo, Escribiente

Avatar de Usuario
EstoEsElPueblo
Mensajes: 2101
Registrado: Jue Ene 24, 2019 1:50 am

Pierrette Le Bourdiec, la parisina que cambió el estoque por las riendas

Mensaje por EstoEsElPueblo »

Pierrette Le Bourdiec, la parisina que cambió el estoque por las riendas

Pierrette Le Bourdiec, anunciada en los carteles como «la Princesa de París», nació el 21 de junio de 1934 en el distrito XV de la capital francesa. Su apellido y sus raíces familiares procedían de las Côtes-d’Armor, en Bretaña. Algunas publicaciones españolas retrasaron su nacimiento hasta 1942, pero la fecha de 1934 encaja con su ingreso en la Escuela Taurina de Arlés y con sus primeras actuaciones públicas, ambas documentadas en 1954. No venía de una dinastía de toreros ni creció entre tentaderos. Su vocación fue una decisión personal: una muchacha nacida en París quiso abrirse camino en un oficio que apenas concedía oportunidades a las mujeres.

La escuela del sur
En 1954 llamó a la puerta de la Escuela Taurina de Arlés, fundada cuatro años antes por el torero Luis Muñoz. Allí recibió las enseñanzas de Pedro Romero y Pepe Calabuig, quien continuó orientándola después en Fontvieille. La llegada de una mujer despertó reservas, incluso entre quienes debían formarla. Sin embargo, Pierrette convirtió la insistencia en su primera arma profesional. Luis Muñoz, inicialmente reticente, terminó reconociendo su perseverancia y ocupándose de sus asuntos taurinos.
Pierrette Le Bourdiec sabe torear
Pierrette LeBourdiec.jpg
No fue una figura precoz creada artificialmente por la publicidad. Aprendió desde abajo, entre entrenamientos, becerradas y festejos menores. Su presentación pública conocida tuvo lugar el 27 de junio de 1954 en Mallemort, ante una res de Salioux y con simulación de la suerte de matar. El 14 de noviembre del mismo año actuó en Saint-Gilles junto a José Moreno «Morenito de Zaragoza» y estoqueó por primera vez una res en público. Las crónicas francesas destacaron entonces su disposición con las banderillas.

Arlés volvió a verla el 28 de mayo de 1955, con ganado de Jalabert. Después llegó una fecha decisiva: el 9 de octubre de 1957 debutó con picadores en Aigues-Mortes, alternando con Ramón Gallardo y Pepe Luis Román frente a novillos de Étienne Pouly. Pierrette avanzaba sin atajos: primero aprendió a ponerse delante; después intentó convertirse en profesional.

La torera viajera
Antes de subir a un caballo como rejoneadora, Le Bourdiec desarrolló una carrera considerable a pie. Las semblanzas francesas le atribuyen más de cien actuaciones, principalmente en Francia y Portugal, además de desplazamientos al norte de África y a territorios portugueses de ultramar. Está documentada su presencia en Orán, Mozambique, las Azores y Macao. También actuó en Senlis, cerca de París, donde una corrida hispanoprovenzal reunió en junio de 1956 a más de seis mil espectadores.

Aquellos viajes explican mejor su carrera que una relación de trofeos hoy imposible de reconstruir. No fue una gran figura de las ferias europeas, pero sí una torera capaz de buscar contratos donde hubiera una plaza dispuesta a anunciarla. Cuando el camino francés se estrechaba, aparecía Portugal; cuando tampoco bastaba Portugal, se embarcaba hacia África o Asia. Su trayectoria fue la de una profesional itinerante, obligada a multiplicar los kilómetros para obtener las oportunidades que a otros les llegaban más cerca de casa.
Pierrette Le Bourdiec. Corrida en Vallauris con Pablo Picasso
Pierrette Le Bourdiec Corrida en Vallauris con Pablo Picasso.jpg
El 26 de abril de 1959 actuó en Campo Pequeno, Lisboa, ante una res de Netto Hermanos. La plaza portuguesa tenía una resonancia especial, aunque la legislación lusa impedía dar muerte públicamente al toro. Lisboa no fue, como se ha repetido, su debut absoluto, pero sí una de las presentaciones de mayor categoría de su etapa a pie.

Vallauris, Picasso y una torera ante los artistas
Una ciudad francesa quedó asociada para siempre a su imagen: Vallauris. Allí participó desde 1954 en corridas locales celebradas en honor de Pablo Picasso. El fotógrafo Edward Quinn la retrató toreando y saludando al pintor desde el ruedo. Las imágenes muestran también a Françoise Gilot, Claude Picasso y Paloma Picasso, Hélène Parmelin, Édouard Pignon, Michel Leiris y, en 1957, Jean Cocteau.

La relación debe situarse en sus justos términos. Picasso fue un espectador distinguido de aquellas corridas y mantuvo un contacto cordial con Pierrette, pero no hay pruebas suficientes para presentarlo como su maestro, protector permanente o consejero técnico. La fotografía creó una asociación poderosa: la joven torera francesa, muleta y espada en las manos, saludando a uno de los grandes artistas del siglo XX.

Aquellas jornadas dieron a Le Bourdiec una visibilidad que excedía su posición en el escalafón. Frente a la barrera se sentaban pintores, escritores, cineastas y periodistas; en el ruedo, ella sostenía una carrera todavía incierta. Vallauris unió dos mundos que marcarían su recuerdo: el toro y la cultura artística de la Costa Azul.
Pierrete LeBourdiec rejoneadora nacida en París
Pierrete LeBourdiec rejoneadora nacida en París.jpg
Pierrete LeBourdiec rejoneadora nacida en París.jpg (7.3 KiB) Visto 50 veces
España: una puerta cerrada
El gran objetivo era España, pero la normativa española impedía a las mujeres actuar a pie. La prohibición, nacida a comienzos del siglo XX y mantenida durante décadas, convirtió su sexo en un impedimento administrativo. Pierrette podía torear en Francia, Portugal, África o Macao, pero no presentarse legalmente como novillera de a pie en las plazas españolas.

La parisina respondió cambiando de oficio sin abandonar el toro. Aprendió equitación, doma y rejoneo. Lo que para otros habría significado una retirada, para ella fue el comienzo de una segunda carrera. No logró derribar la norma; buscó el hueco que la norma dejaba abierto.

Esa transformación resume su personalidad profesional. Su técnica a caballo no alcanzó la depuración de las principales figuras portuguesas o españolas, pero su capacidad para reinventarse fue extraordinaria. El rejoneo le exigió crear una cuadra, dominar los terrenos, medir las embestidas desde la montura y aprender una lidia distinta de la que había practicado durante años a pie.

El debut español y Paquirri
Su presentación como rejoneadora en España se produjo el 9 de septiembre de 1965 en Moguer, Huelva. Compartió cartel con Rafael Astola y con un joven Francisco Rivera «Paquirri», ante ganado de José María Soto de la Fuente. No puede hablarse de una rivalidad entre ambos: sus carreras, disciplinas y proyección eran diferentes. El dato posee, sin embargo, un indudable interés histórico. Pierrette entraba en España precisamente al lado de un torero que acabaría convirtiéndose en una de las grandes figuras de su generación.
Pierrette Le Bourdiec en Arles. Otros sitúan la foto en Casablanca. Con Pablo Picasso
En 1968 ocupó el tercer puesto entre las rejoneadoras, por detrás de Antoñita Linares y Lolita Muñoz. Es uno de los escasos datos clasificatorios que permiten medir su verdadera posición profesional. No dominó el escalafón, pero tampoco fue una presencia puramente testimonial. Consiguió contratos, sostuvo una cuadra y permaneció en activo dentro de un circuito pequeño y muy competitivo.

La crítica la consideró una amazona animosa, valerosa y eficaz en la doma, aunque de recursos artísticos limitados. Esa valoración permite contemplarla sin exageraciones: Pierrette no fue una revolucionaria del rejoneo ni una creadora de escuela, pero tuvo suficiente capacidad para mantenerse y llegar hasta escenarios de máxima exigencia.

Las Ventas: la tarde que justificó el viaje
El 12 de octubre de 1969 alcanzó el punto de mayor simbolismo de su carrera: hizo el paseíllo en la plaza de Las Ventas. El cartel estuvo formado por Curro Bedoya, Silvestre Navarro, Antonio Ignacio Vargas, Paquita Rocamora, Lolita Muñoz y la propia Le Bourdiec, con reses de distintas ganaderías.

No conquistó Madrid con una faena memorable. Las referencias conservadas hablan de una actuación discreta y recibida con aplausos, no de un triunfo rotundo. Pero aquella tarde significó algo más que el balance de trofeos. Pierrette fue la primera rejoneadora francesa que logró presentarse en la principal plaza española. Había comenzado toreando a pie en pequeños ruedos franceses y, quince años después, comparecía a caballo en Las Ventas.
Pierrette LeBourdiec en la Plaza de Toros de Las Ventas blog la princesa de París
Pierrette LeBourdiec en la Plaza de Toros de Las Ventas blog la princesa de París.jpg
Pierrette LeBourdiec en la Plaza de Toros de Las Ventas blog la princesa de París.jpg (14.17 KiB) Visto 50 veces
Madrid no la convirtió en figura, aunque certificó su perseverancia. Había llegado hasta allí sorteando una prohibición legal, aprendiendo una segunda profesión y manteniendo una carrera repartida entre varios países. Fue una victoria biográfica antes que artística.

Los últimos años profesionales
Su actividad continuó durante la década de 1970, aunque las fuentes discrepan sobre la fecha exacta de su retirada. Algunas sitúan el final de su etapa española en 1973; otras aseguran que permaneció profesionalmente activa hasta 1978. Las noticias que atribuyen a Le Bourdiec una importante campaña española a pie durante los años ochenta no están suficientemente acreditadas y deben manejarse con precaución.

Coincidió con Paquirri y se midió profesionalmente con rejoneadoras como Antoñita Linares, Paquita Rocamora y Lolita Muñoz, pero no dejó un enfrentamiento comparable a las grandes competencias taurinas. Su verdadero adversario fue la suma de prohibiciones, prejuicios y dificultades económicas que condicionó su trayectoria.

Arlés fue la ciudad de su formación; Vallauris, el escenario que la vinculó con Picasso; Lisboa, una de sus grandes presentaciones a pie; Madrid, la culminación simbólica de su etapa como rejoneadora. Pero Morata de Tajuña terminó siendo el lugar esencial de su vida adulta.

Vida social y años de retiro
Pierrette Le Bourdiec se instaló definitivamente en la Comunidad de Madrid. Vivió en San Sebastián de los Reyes y, durante una larga etapa, en Morata de Tajuña. La parisina de raíces bretonas encontró así su último paisaje en una localidad castellana vinculada al campo, los caballos y la afición taurina.

Después de abandonar los ruedos no rompió con el mundo ecuestre. Se dedicó a la doma, preparó caballos e impartió clases de equitación. Había aprendido a montar para vencer una prohibición y acabó convirtiendo aquella formación forzada en su ocupación cotidiana. Su vida posterior demuestra que el caballo no fue únicamente un recurso profesional: se convirtió en el centro de su existencia.

Quienes la trataron recuerdan el afecto que profesaba a sus monturas. Un testimonio personal recogido en el espacio dedicado a su memoria asegura que hablaba con ellas y que interpretaba sus movimientos como respuestas. Sentía una predilección especial por Page, un caballo hispanoportugués al que atribuía corazón, temple y capacidad para sacarla de situaciones difíciles. Otro ejemplar de su cuadra recibió el nombre de Pigalle, una referencia inequívoca al París que nunca desapareció por completo de su identidad.

Su vida social quedó vinculada a dos ambientes muy distintos. Durante los años de Vallauris apareció entre artistas e intelectuales relacionados con Picasso. En España, en cambio, su existencia fue cada vez más discreta, ligada a jinetes, alumnos, aficionados y vecinos. Sí puede decirse que formó parte, al menos circunstancialmente, de unas reuniones donde convivían tauromaquia, pintura, literatura, cine y vida mediterránea.
Pierrette Le Bourdiec entra a matar blog gestauro
Pierrette Le Bourdiec entra a matar blog gestauro.jpg
La colección de Edward Quinn conservó mejor que las crónicas taurinas aquella dimensión social. Pierrette aparece junto a Picasso, sus hijos y varios integrantes del círculo cultural de la Costa Azul. En otra imagen presencia la entrega de un plato de cerámica realizado por Picasso al torero Pepe Luis Marca. Esa documentación gráfica ha impedido que su etapa francesa se perdiera por completo.

Su retiro fue poco estridente. No construyó alrededor de sí una leyenda pública ni buscó ocupar permanentemente los medios. La antigua Princesa de París se convirtió en una mujer dedicada a sus caballos, lejos de las tardes en que su nombre llamaba la atención por el mero hecho de figurar en un cartel.

Falleció súbitamente en Morata de Tajuña el 9 de julio de 2011. Las necrológicas españolas le atribuyeron sesenta y ocho años, consecuencia de la fecha de nacimiento de 1942 difundida durante décadas. Si se acepta la fecha francesa de 1934, tenía setenta y siete años. La discrepancia permanece, pero no modifica el sentido de su trayectoria.

La voluntad como principal trofeo
Pierrette Le Bourdiec no fue una gran figura en el sentido clásico. No encabezó las ferias, no dejó una sucesión de puertas grandes ni impuso una concepción nueva del toreo a pie o a caballo. Su carrera tuvo desigualdades y su arte fue juzgado con reservas.

Sin embargo, pocas biografías ilustran con tanta claridad la fuerza del tesón. Sin tradición familiar conocida, se formó en Arlés, toreó a pie en Francia y Portugal, viajó hasta África y Asia, se convirtió en rejoneadora para entrar legalmente en España y llegó a Las Ventas. Cuando dejó de vestirse de torera continuó junto a los caballos. Su principal triunfo no fue una oreja ni un lugar en el escalafón: fue negarse durante décadas a aceptar que la vocación que había elegido estaba reservada a otros.
Adjuntos
Pierrette Le Bourdiec en Arles. Otros sitúan la foto en Casablanca. Con Pablo Picasso.jpg
Un foro :idea: es mejor que twitter, mejor que facebook, mejor que instagram... ¿por qué? Este foro es taurino; las redes sociales son antis :evil: .

Responder