Hoy se cumplen 178 años de la ocupación de Los Ángeles por Estados Unidos, el 13 de enero de 1847, cuando aún era ciudad mexicana. Aquel episodio marcó el inicio de uno de los procesos más brutales y silenciados de la historia norteamericana: el exterminio sistemático de los pueblos indígenas californianos.
Por
Darío Madrid
@Dario_Madrid_F :
https://x.com/Dario_Madrid_F/status/2009951955704074515 (este artículo está tomando directamente del posteo en la red X realizado por @Dario_Madrid_F)
Antes de los yanquis arrebataran Los Ángeles a México, California contaba con una población indígena estimada en unos 150.000 habitantes. Tres décadas después, en 1880, apenas sobrevivían unos 16.000. No se trató de un colapso demográfico accidental ni exclusivamente provocado por enfermedades, sino del resultado de una política deliberada de violencia, desposesión y exterminio.
Como bien señala García del Junco:
«Antes de que los colonos ingleses y sus descendientes exterminaran a las tribus de las praderas, los exploradores españoles ya habían entrado en contacto con la mayoría de ellas sin necesidad de exterminarlas».
¿Y qué llevó a los anglosajones a desalojar de sus tierras a los indígenas que llevaban siglos ocupándolas?
El 19 de agosto de 1848, el diario New York Herald anunció el descubrimiento de oro en California. Miles de buscadores se desplazaron hacia esos territorios.
Cuando comenzó la extracción masiva de oro, los colonos emplearon inicialmente a indígenas en las minas. Llegaron a trabajar unos 4.000 indios para los blancos. Pero a partir de 1850, muchos colonos optaron por su esclavización y exterminio.
Con la excusa de que los “salvajes” suponían una amenaza para la soberanía estadounidense, el gobierno aprobó en 1850 una ley que permitía a los colonos blancos poner a trabajar forzosamente a cualquier indígena que no pudiera demostrar medios legítimos de subsistencia.
Al año siguiente, el primer gobernador de California, Peter Hardeman Burnett, afirmó ante los legisladores que
«debe esperarse que continúe una guerra de exterminio entre las razas hasta que la raza india se extinga».
Y actuó en consecuencia.
Burnett empleó fondos públicos para armar milicias locales y solicitó apoyo del Ejército federal. Estas milicias llegaron a exterminar poblados enteros. En 1850, asesinaron a unos 400 miembros del pueblo Pomo.
Entre 1851 y 1852, el estado de California pagó un millón de dólares a milicias que cazaban indígenas. En algunos pueblos se ofrecían recompensas por sus cabelleras, con precios que oscilaban entre 5 dólares y 25 centavos. Los cazadores reclamaban el pago exhibiendo ocho, diez o doce cabezas.
Incluso la prensa informaba de las masacres. Así lo relataba el periódico Alta California:
«La cuadrilla descendió sobre ellos y les voló la tapa de los sesos o les partió el cráneo con hachas. Incluso a los recién nacidos que llevaban en canastas…».
El asesinato sistemático de indígenas continuó hasta finales de la década de 1870. En conjunto, se extinguió alrededor del 80 % de la población indígena de California desde 1846, mediante masacres y asesinatos cometidos por colonos y fuerzas armadas estadounidenses.