Kenneth Peacock Tynan: Una vida entre el teatro y la arena
Kenneth Peacock Tynan (2 de abril de 1927 - 26 de julio de 1980) fue uno de los críticos teatrales más influyentes y controvertidos del siglo XX en el mundo anglosajón. Escritor, ensayista y divulgador cultural, Tynan combinó un estilo provocador y erudito con una pasión desbordante por el teatro y la tauromaquia. Su obra no solo transformó la crítica dramática, sino que también introdujo la corrida de toros a un público inglés y estadounidense tradicionalmente ajeno a sus rituales y simbolismos. Nacido en una Inglaterra de posguerra, vivió una existencia marcada por el escándalo, la genialidad y una salud frágil, dejando un legado que aún resuena en el mundo de las artes escénicas.
Infancia y formación
Tynan nació en Birmingham, en el corazón industrial de Inglaterra, como hijo ilegítimo de Peter Peacock, un empresario próspero y casado, y Elise Tynan, una ex lavandera de origen irlandés. Su padre, que nunca reconoció públicamente la paternidad, financió en secreto su educación, lo que permitió a Tynan escapar de un entorno modesto. De niño ya mostraba inclinación por el espectáculo: tartamudeaba, pero compensaba su inseguridad con ingenio y una curiosidad desbordante por el lenguaje.
Kenneth Peacock Tynan Crítico de teatro y aficionado
Estudió en la prestigiosa King Edward’s School de Birmingham, donde destacó en literatura y teatro, y luego en el Magdalen College de la Universidad de Oxford (1945-1947). En Oxford se convirtió en una figura excéntrica: organizaba debates teatrales, dirigía producciones amateur y cultivó un estilo de vida bohemio, influido por George Bernard Shaw y Oscar Wilde. Su tartamudeo, que lo atormentaba, se transformó en una herramienta retórica: hablaba con pausa, dramatizando cada palabra, convirtiendo la fragilidad en una forma de presencia escénica.
Kenneth Peacock Tynan Su máquina de escribir
Carrera como crítico teatral
La vocación de Tynan emergió en la crítica teatral. A los veintiún años ya escribía para The Spectator, y pronto se convirtió en el crítico más joven del Evening Standard (1949-1952) y después del The Observer (1954-1963), donde su pluma alcanzó fama legendaria. No se limitaba a describir obras: las interpretaba como síntomas morales de su tiempo. Defendió el realismo social de John Osborne (Look Back in Anger, 1956) y el teatro del absurdo de Samuel Beckett, contribuyendo a definir la sensibilidad británica de posguerra.
Su crítica era incisiva, teatral en sí misma. En 1960 escandalizó al público al escribir que One Flew Over the Cuckoo’s Nest era “una obra que hace que el público se sienta jodido”, convirtiéndose en el primer crítico en usar la palabra fuck en una publicación importante. Libros como He That Plays the King (1950) y Curtains (1961) recopilan sus ensayos más brillantes, donde el teatro se convierte en un espejo de la condición humana, con el estilo como medida del valor moral.
Bull Fever Kenneth Tynan
En 1963 Laurence Olivier lo invitó a unirse al recién fundado National Theatre como gerente literario, cargo que desempeñó hasta 1969. Allí impulsó producciones innovadoras como Oh! What a Lovely War (1963), sátira antibélica que transformó el musical británico, y Soldiers (1968), una obra que desató escándalo por su retrato del ejército británico. Su temperamento, brillante y conflictivo, lo llevó a choques con Olivier, pero también a consolidar el National Theatre como un bastión de libertad creativa.
Vida personal y relaciones
Kenneth Tynan Teatro y Toros
Su vida privada fue tan turbulenta como su obra. En 1951 se casó con Elaine Brimberg, una estadounidense de origen judío, con quien tuvo una hija, Tracy. El matrimonio, marcado por infidelidades mutuas, se disolvió en 1964. En 1967 contrajo matrimonio con la periodista canadiense Kathleen Halton, veintiséis años menor, con quien tuvo dos hijos, Matthew y Rory. Esta unión, apasionada pero conflictiva, inspiró la biografía The Life of Kenneth Tynan (1987), escrita por la propia Halton, donde se revelan sus adicciones, su masoquismo erótico y su obsesión con la intensidad vital.
Ateo confeso y pacifista, Tynan fue un conversador hipnótico. Fumaba hasta ochenta cigarrillos diarios, convencido de que la lucidez debía pagarse con un precio alto. Su salud se deterioró por un enfisema pulmonar, pero mantuvo la ironía hasta el final, anotando en sus diarios que “la vida es un ensayo sin público”.
Kenneth Peacock Tynan en Valencia, Fallas
Pasión por la tauromaquia: el arte como tragedia ritual
De entre todas sus pasiones, ninguna fue tan constante ni tan reveladora como la tauromaquia. Descubrió la corrida durante un viaje a España en 1950 y quedó fascinado. Para él, el ruedo era “el escenario perfecto: sin trampa, sin fingimiento, donde cada gesto tiene consecuencias irreversibles”. En ese descubrimiento confluyeron su amor por el teatro y su búsqueda de autenticidad: el torero encarnaba, ante el toro y ante la muerte, la misma pureza estética que Tynan exigía a los actores sobre el escenario.
Su libro Bull Fever (1955) lo consagró como el primer gran divulgador de la tauromaquia en lengua inglesa. Mezcla de ensayo y confesión, la obra describe a figuras como Luis Miguel Dominguín y Antonio Ordóñez con una prosa intensa, casi poética, que traduce la emoción taurina en lenguaje universal. Defendió la corrida como una forma superior de arte trágico, “una metáfora del valor, la gracia y la mortalidad”.
También escribió sobre Manolete en un artículo para The New Yorker publicado póstumamente en 1958, donde afirmó: “La muerte de Manolete fue el clímax de una vida dedicada al desafío de la muerte”. Ese tono —a la vez estético y moral— define toda su visión: el toreo como liturgia donde la vida y el arte se confunden.
Su influencia fue enorme: convirtió la tauromaquia en un tema de conversación literaria en Oxford, Cambridge y Londres, y ayudó a que la sensibilidad inglesa descubriera una España no folclórica, sino artística y metafísica. En un tiempo dominado por el confort moral y el animalismo incipiente, Tynan defendió la belleza del riesgo, el valor frente al instinto de huida, y la dignidad de mirar la muerte sin taparse los ojos.
El primer "fuck" en la BBC
Legado y muerte
Tynan falleció en Santa Mónica, California, el 26 de julio de 1980, víctima de una hemorragia pulmonar derivada del enfisema. En sus últimos años escribió para The New Yorker y produjo el espectáculo Oh! Calcutta! (1969), una revue erótica que rompió tabúes sobre sexualidad y censura.
Su legado es doble: revolucionó la crítica teatral al convertirla en un género literario y elevó la tauromaquia al rango de arte filosófico. Biografías como la de Dominic Shellard (Kenneth Tynan: A Life, 2003) y la publicación de sus diarios en 2001 confirman la amplitud de su pensamiento y su magnetismo.
Fue, en definitiva, un disidente del confort intelectual, un hombre que entendió la estética como una forma de valentía moral. Y, entre todas las escenas que amó, ninguna lo conmovió tanto como aquella donde un hombre, armado solo de su gracia, dialoga con la muerte bajo el sol.
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