Ironía, inteligencia y cortesía. Vida y obra de Antonio Mingote
Publicado: Sab Ene 17, 2026 5:34 pm
Ironía, inteligencia y cortesía. Vida y obra de Antonio Mingote
Antonio Mingote no fue un humorista en el sentido ligero del término, sino un intérprete paciente de la condición humana, alguien que entendió el dibujo y la palabra como instrumentos de observación moral. Durante más de seis décadas miró a la sociedad española sin estridencias, sin aspavientos ideológicos y sin necesidad de alzar la voz. Su obra, inmensa y cotidiana a la vez, construyó una forma de estar en el mundo basada en la ironía serena, la curiosidad constante y una rara combinación de inteligencia y bondad.
Antonio Mingote Infancia, formación y una mirada en construcción
Antonio Mingote, cuyo nombre completo fue Ángel Antonio Mingote Barrachina, nació en Sitges] el 17 de enero de 1919, en el seno de una familia donde la cultura formaba parte de la vida diaria. Su padre, Ángel Mingote Lorente, era músico natural de Daroca]; su madre, Carmen Barrachina, escritora. Aquella combinación de disciplina artística y sensibilidad literaria dejó una huella temprana en su carácter y en su forma de mirar.
Desde 1949 en La Codorniz Mingote dibujaba a Picasso La infancia de Mingote transcurrió entre distintas ciudades —Daroca, Calatayud, Teruel, Zaragoza—, lo que contribuyó a forjar en él una temprana capacidad de observación y una atención especial a los tipos humanos, a las costumbres y a los pequeños rituales de la vida cotidiana. Fue un lector precoz y un dibujante autodidacta. No aprendió a dibujar en academias: aprendió mirando.
Antonio Mingote sobre Picasso Inició estudios de Filosofía y Letras en Zaragoza, que no llegó a concluir, y pasó por la Academia Militar de Guadalajara. Aquellos años formativos, atravesados por la inestabilidad histórica y personal, fueron decisivos para construir una mirada escéptica pero nunca cínica, crítica pero no destructiva.
Asimilando la civilización por Mingote La guerra y la generación marcada
La Guerra Civil española sorprendió a Mingote en plena juventud. Combatió en el bando nacional, una experiencia que marcaría a su generación entera y que él nunca utilizó como argumento ideológico ni como bandera autobiográfica. En el frente comenzó a dibujar con mayor intensidad, no como testimonio épico, sino como una forma de evasión y de resistencia íntima.
Mingote en 1970 y los energúmenos Aquella vivencia dejó en él una desconfianza duradera hacia los dogmatismos, las consignas y las certezas absolutas. Su humor posterior no fue nunca beligerante ni panfletario. Prefirió la distancia reflexiva y la observación de los comportamientos humanos antes que el juicio rápido o la caricatura cruel.
Antonio Mingote, Historia de la gente La Codorniz y el aprendizaje del límite
Tras la guerra, Mingote se instaló definitivamente en Madrid en 1944. Dos años más tarde comenzó a colaborar en la revista La Codorniz, el gran laboratorio del humor inteligente de la posguerra española. Allí coincidió con nombres como Miguel Mihura, Tono, Jardiel Poncela, Edgar Neville o Chumy Chúmez], formando parte de lo que muchos han llamado la otra Generación del 27.
En La Codorniz aprendió el arte del límite: decir mucho sin decirlo todo, insinuar sin proclamar, sortear la censura sin perder inteligencia ni dignidad. Su humor se fue depurando hasta adquirir ese tono inconfundible: una ironía suave, una sonrisa oblicua, una crítica que nunca humillaba.
Antonio Mingote Primera página Abc ABC y la disciplina diaria
El 19 de junio de 1953 publicó su primera viñeta en el diario ABC. Aquel gesto inauguró una de las colaboraciones más largas y constantes de la historia del periodismo español. Durante casi sesenta años, Mingote entregó una viñeta diaria, más de veinte mil dibujos que acompañaron la vida cotidiana del país desde el franquismo hasta bien entrado el siglo XXI.
Su página se convirtió en un espacio reconocible y esperado. No necesitaba titulares ruidosos ni gestos grandilocuentes. Con un trazo limpio y textos concisos, diseccionaba la actualidad política, las costumbres sociales, la vida doméstica y las contradicciones eternas del ser humano. Sus personajes —burgueses, funcionarios, matrimonios, militares, señoras de barrio— formaron una auténtica galería de tipos que hoy constituye una crónica sentimental de España.
Antonio Mingote Prohibición del burka y mujer con bikini El escritor y el creador múltiple
Aunque el gran público lo identificó sobre todo como humorista gráfico, Mingote fue también un escritor prolífico. Publicó novelas como Las palmeras de cartón, Los revólveres hablan de sus cosas o Adelita en su desván; ensayos y libros de humor como Hombre solo, una de sus obras más profundas; y libros de divulgación histórico-humorística como Historia de la gente o Historia de Madrid.
Mingote Torero y doctor Fleming Escribió también guiones cinematográficos en colaboración con Rafael Azcona y José Luis Dibildos, obras de teatro, artículos y textos misceláneos. Incluso dedicó un volumen al mus, juego que practicaba con pasión y seriedad casi científica.
Mingote y los toros banderillero La Academia y el reconocimiento
En 1987 ingresó en la Real Academia Española, ocupando el sillón “r”. Fue el primer dibujante en hacerlo, un reconocimiento que simbolizaba la plena legitimación cultural del humor gráfico como forma de pensamiento. Su discurso de ingreso abordó la evolución del humor en España, con la misma claridad y elegancia que caracterizaban su obra.
Picador espontáneo, y con caballo, y educado pide paso Recibió numerosos premios y distinciones: doctorados honoris causa, medallas de mérito y, en 2011, el título de marqués de Daroca, concedido por Juan Carlos I, en homenaje a la tierra de su padre.
Carácter, ética y legado
Más allá de los honores, Mingote mantuvo siempre una actitud discreta, accesible y trabajadora. Hasta pocos días antes de su muerte siguió entregando puntualmente su viñeta diaria. No cultivó el personaje público ni la pose intelectual. Prefería el trabajo silencioso, la observación constante y la ironía como forma de cortesía.
Tauromaquia antigua Antonio Mingote Falleció en Madrid el 3 de abril de 2012. Dejaba tras de sí un legado inmenso: miles de dibujos y textos que siguen dialogando con el lector contemporáneo. Su obra no pretendió corregir el mundo, pero sí hacerlo más legible. En tiempos de ruido y simplificación, la mirada de Mingote permanece como una lección de inteligencia tranquila, respeto profundo y humanidad sin alardes. Antonio Mingote Mural en el metro de Madrid, Retiro
Antonio Mingote no fue un humorista en el sentido ligero del término, sino un intérprete paciente de la condición humana, alguien que entendió el dibujo y la palabra como instrumentos de observación moral. Durante más de seis décadas miró a la sociedad española sin estridencias, sin aspavientos ideológicos y sin necesidad de alzar la voz. Su obra, inmensa y cotidiana a la vez, construyó una forma de estar en el mundo basada en la ironía serena, la curiosidad constante y una rara combinación de inteligencia y bondad.
Antonio Mingote Infancia, formación y una mirada en construcción
Antonio Mingote, cuyo nombre completo fue Ángel Antonio Mingote Barrachina, nació en Sitges] el 17 de enero de 1919, en el seno de una familia donde la cultura formaba parte de la vida diaria. Su padre, Ángel Mingote Lorente, era músico natural de Daroca]; su madre, Carmen Barrachina, escritora. Aquella combinación de disciplina artística y sensibilidad literaria dejó una huella temprana en su carácter y en su forma de mirar.
Desde 1949 en La Codorniz Mingote dibujaba a Picasso La infancia de Mingote transcurrió entre distintas ciudades —Daroca, Calatayud, Teruel, Zaragoza—, lo que contribuyó a forjar en él una temprana capacidad de observación y una atención especial a los tipos humanos, a las costumbres y a los pequeños rituales de la vida cotidiana. Fue un lector precoz y un dibujante autodidacta. No aprendió a dibujar en academias: aprendió mirando.
Antonio Mingote sobre Picasso Inició estudios de Filosofía y Letras en Zaragoza, que no llegó a concluir, y pasó por la Academia Militar de Guadalajara. Aquellos años formativos, atravesados por la inestabilidad histórica y personal, fueron decisivos para construir una mirada escéptica pero nunca cínica, crítica pero no destructiva.
Asimilando la civilización por Mingote La guerra y la generación marcada
La Guerra Civil española sorprendió a Mingote en plena juventud. Combatió en el bando nacional, una experiencia que marcaría a su generación entera y que él nunca utilizó como argumento ideológico ni como bandera autobiográfica. En el frente comenzó a dibujar con mayor intensidad, no como testimonio épico, sino como una forma de evasión y de resistencia íntima.
Mingote en 1970 y los energúmenos Aquella vivencia dejó en él una desconfianza duradera hacia los dogmatismos, las consignas y las certezas absolutas. Su humor posterior no fue nunca beligerante ni panfletario. Prefirió la distancia reflexiva y la observación de los comportamientos humanos antes que el juicio rápido o la caricatura cruel.
Antonio Mingote, Historia de la gente La Codorniz y el aprendizaje del límite
Tras la guerra, Mingote se instaló definitivamente en Madrid en 1944. Dos años más tarde comenzó a colaborar en la revista La Codorniz, el gran laboratorio del humor inteligente de la posguerra española. Allí coincidió con nombres como Miguel Mihura, Tono, Jardiel Poncela, Edgar Neville o Chumy Chúmez], formando parte de lo que muchos han llamado la otra Generación del 27.
En La Codorniz aprendió el arte del límite: decir mucho sin decirlo todo, insinuar sin proclamar, sortear la censura sin perder inteligencia ni dignidad. Su humor se fue depurando hasta adquirir ese tono inconfundible: una ironía suave, una sonrisa oblicua, una crítica que nunca humillaba.
Antonio Mingote Primera página Abc ABC y la disciplina diaria
El 19 de junio de 1953 publicó su primera viñeta en el diario ABC. Aquel gesto inauguró una de las colaboraciones más largas y constantes de la historia del periodismo español. Durante casi sesenta años, Mingote entregó una viñeta diaria, más de veinte mil dibujos que acompañaron la vida cotidiana del país desde el franquismo hasta bien entrado el siglo XXI.
Su página se convirtió en un espacio reconocible y esperado. No necesitaba titulares ruidosos ni gestos grandilocuentes. Con un trazo limpio y textos concisos, diseccionaba la actualidad política, las costumbres sociales, la vida doméstica y las contradicciones eternas del ser humano. Sus personajes —burgueses, funcionarios, matrimonios, militares, señoras de barrio— formaron una auténtica galería de tipos que hoy constituye una crónica sentimental de España.
Antonio Mingote Prohibición del burka y mujer con bikini El escritor y el creador múltiple
Aunque el gran público lo identificó sobre todo como humorista gráfico, Mingote fue también un escritor prolífico. Publicó novelas como Las palmeras de cartón, Los revólveres hablan de sus cosas o Adelita en su desván; ensayos y libros de humor como Hombre solo, una de sus obras más profundas; y libros de divulgación histórico-humorística como Historia de la gente o Historia de Madrid.
Mingote Torero y doctor Fleming Escribió también guiones cinematográficos en colaboración con Rafael Azcona y José Luis Dibildos, obras de teatro, artículos y textos misceláneos. Incluso dedicó un volumen al mus, juego que practicaba con pasión y seriedad casi científica.
Mingote y los toros banderillero La Academia y el reconocimiento
En 1987 ingresó en la Real Academia Española, ocupando el sillón “r”. Fue el primer dibujante en hacerlo, un reconocimiento que simbolizaba la plena legitimación cultural del humor gráfico como forma de pensamiento. Su discurso de ingreso abordó la evolución del humor en España, con la misma claridad y elegancia que caracterizaban su obra.
Picador espontáneo, y con caballo, y educado pide paso Recibió numerosos premios y distinciones: doctorados honoris causa, medallas de mérito y, en 2011, el título de marqués de Daroca, concedido por Juan Carlos I, en homenaje a la tierra de su padre.
Carácter, ética y legado
Más allá de los honores, Mingote mantuvo siempre una actitud discreta, accesible y trabajadora. Hasta pocos días antes de su muerte siguió entregando puntualmente su viñeta diaria. No cultivó el personaje público ni la pose intelectual. Prefería el trabajo silencioso, la observación constante y la ironía como forma de cortesía.
Tauromaquia antigua Antonio Mingote Falleció en Madrid el 3 de abril de 2012. Dejaba tras de sí un legado inmenso: miles de dibujos y textos que siguen dialogando con el lector contemporáneo. Su obra no pretendió corregir el mundo, pero sí hacerlo más legible. En tiempos de ruido y simplificación, la mirada de Mingote permanece como una lección de inteligencia tranquila, respeto profundo y humanidad sin alardes. Antonio Mingote Mural en el metro de Madrid, Retiro