Pepe Puente, una vida entre el dibujo taurino, el rito y la memoria de la plaza
Publicado: Dom Ene 18, 2026 12:40 pm
Pepe Puente, una vida entre el dibujo taurino, el rito y la memoria de la plaza
Nacido en Medina del Campo, villa castellana de larga tradición ferial y taurina, creció en el seno de una familia profundamente aficionada. Su padre, Julián Puente Balsa, fue decisivo en su formación sentimental y cultural, transmitiéndole desde niño una vivencia natural de la tauromaquia. El toro, el dibujo y la conversación taurina formaban parte de su entorno cotidiano desde edades muy tempranas.
Con apenas doce años, y ante la evidencia de un talento precoz para el dibujo taurino, su padre lo inscribió en la Escuela de Bellas Artes y Oficios. Allí comenzó una formación reglada que nunca sustituyó su principal método de aprendizaje: la observación directa y constante de la realidad taurina.
José "Pepe" Puente Madrid como centro vital y creativo
Aunque nunca perdió el vínculo con Castilla, Pepe Puente fijó su residencia en Madrid, ciudad que se convirtió en el eje de su vida personal y profesional. Especialmente relevante fue su presencia continuada en el entorno de la plaza de Santa Ana, espacio castizo por excelencia, donde se integró en tertulias diarias con periodistas, aficionados, toreros y artistas.
Madrid fue también el escenario desde el que desarrolló su proyección pública. La ciudad le ofrecía plazas, redacciones, cafés y estudios desde los que alimentar una obra estrechamente ligada al pulso real de la fiesta.
Pepe Puente La manada de toros La prensa taurina y el dibujo de actualidad
Su relación con la prensa comenzó en 1948, cuando empezó a colaborar con el semanario El Ruedo, referencia absoluta del periodismo taurino de la época. Sus dibujos destacaron pronto por su capacidad narrativa, su trazo rápido y su comprensión exacta de lo que ocurría en el ruedo y alrededor de él.
En 1981 alcanzó uno de los hitos fundamentales de su carrera al convertirse en ilustrador habitual de las crónicas taurinas del diario ABC. Desde esa posición heredó una tradición gráfica histórica, continuando el legado de maestros como Ricardo Marín o Antonio Casero. Durante años, su obra acompañó la actualidad taurina con una mirada inmediata, irónica a veces, siempre precisa.
Una obra clásica y personal
Pepe Puente desarrolló una producción amplia y variada: óleos, acuarelas, carteles, dibujos y apuntes rápidos. Su estilo se inscribe dentro de una figuración clara, con ecos impresionistas, pero siempre reconocible por su sentido de la anécdota, su humor contenido y su profundo conocimiento del rito taurino.
José Puente, Un miura Fue considerado una referencia clásica de la pintura taurina, equiparable a nombres como Roberto Domingo, Ruano Llopis o Reus. Realizó exposiciones nacionales e internacionales que llevaron su obra a los principales núcleos del mundo taurino, consolidando una imagen de la fiesta ligada a lo popular, lo humano y lo vivido.
Amistades, tertulias y vida taurina
Su vida estuvo íntimamente unida al ambiente taurino. Mantuvo amistad con figuras como Vicente Zabala de la Serna, Parrita, Pepe Dominguín, Julio Robles o miembros de la familia Bienvenida. Compartió con ellos largas tertulias, vivencias de plaza y reflexiones sobre el toreo, que alimentaron tanto su obra como su visión ética y cultural de la fiesta.
José Puente, Recortador Últimos años y legado
Falleció en Madrid en enero de 2002, a los 73 años. Tras su muerte, su figura fue objeto de numerosos homenajes, entre ellos exposiciones retrospectivas en la Plaza de Toros de Las Ventas y en diversas salas madrileñas. Su legado artístico encontró continuidad en su hijo, el escultor taurino Puente Jerez, prolongando una tradición familiar vinculada al toro desde distintas disciplinas.
Su afición taurina
La afición taurina de Pepe Puente fue hereditaria, visceral y constante. No se limitó a la contemplación estética: asistía a corridas, encierros y festejos populares, y mantenía una relación directa con toreros, ganaderos y críticos. Vivía la tauromaquia como experiencia total, cotidiana y compartida.
José Puente, Entrar a matar Para él, el toro no era solo motivo pictórico, sino forma de entender la vida, la emoción y la tradición española. Esa entrega absoluta se refleja en una obra llena de detalles humanos, gestos mínimos y escenas aparentemente secundarias que solo un aficionado profundo podía captar.
Su pintura no ilustra la tauromaquia: la vive. Y en esa vivencia, sostenida durante décadas, reside la fuerza y la permanencia de su legado.
Nacido en Medina del Campo, villa castellana de larga tradición ferial y taurina, creció en el seno de una familia profundamente aficionada. Su padre, Julián Puente Balsa, fue decisivo en su formación sentimental y cultural, transmitiéndole desde niño una vivencia natural de la tauromaquia. El toro, el dibujo y la conversación taurina formaban parte de su entorno cotidiano desde edades muy tempranas.
Con apenas doce años, y ante la evidencia de un talento precoz para el dibujo taurino, su padre lo inscribió en la Escuela de Bellas Artes y Oficios. Allí comenzó una formación reglada que nunca sustituyó su principal método de aprendizaje: la observación directa y constante de la realidad taurina.
José "Pepe" Puente Madrid como centro vital y creativo
Aunque nunca perdió el vínculo con Castilla, Pepe Puente fijó su residencia en Madrid, ciudad que se convirtió en el eje de su vida personal y profesional. Especialmente relevante fue su presencia continuada en el entorno de la plaza de Santa Ana, espacio castizo por excelencia, donde se integró en tertulias diarias con periodistas, aficionados, toreros y artistas.
Madrid fue también el escenario desde el que desarrolló su proyección pública. La ciudad le ofrecía plazas, redacciones, cafés y estudios desde los que alimentar una obra estrechamente ligada al pulso real de la fiesta.
Pepe Puente La manada de toros La prensa taurina y el dibujo de actualidad
Su relación con la prensa comenzó en 1948, cuando empezó a colaborar con el semanario El Ruedo, referencia absoluta del periodismo taurino de la época. Sus dibujos destacaron pronto por su capacidad narrativa, su trazo rápido y su comprensión exacta de lo que ocurría en el ruedo y alrededor de él.
En 1981 alcanzó uno de los hitos fundamentales de su carrera al convertirse en ilustrador habitual de las crónicas taurinas del diario ABC. Desde esa posición heredó una tradición gráfica histórica, continuando el legado de maestros como Ricardo Marín o Antonio Casero. Durante años, su obra acompañó la actualidad taurina con una mirada inmediata, irónica a veces, siempre precisa.
Una obra clásica y personal
Pepe Puente desarrolló una producción amplia y variada: óleos, acuarelas, carteles, dibujos y apuntes rápidos. Su estilo se inscribe dentro de una figuración clara, con ecos impresionistas, pero siempre reconocible por su sentido de la anécdota, su humor contenido y su profundo conocimiento del rito taurino.
José Puente, Un miura Fue considerado una referencia clásica de la pintura taurina, equiparable a nombres como Roberto Domingo, Ruano Llopis o Reus. Realizó exposiciones nacionales e internacionales que llevaron su obra a los principales núcleos del mundo taurino, consolidando una imagen de la fiesta ligada a lo popular, lo humano y lo vivido.
Amistades, tertulias y vida taurina
Su vida estuvo íntimamente unida al ambiente taurino. Mantuvo amistad con figuras como Vicente Zabala de la Serna, Parrita, Pepe Dominguín, Julio Robles o miembros de la familia Bienvenida. Compartió con ellos largas tertulias, vivencias de plaza y reflexiones sobre el toreo, que alimentaron tanto su obra como su visión ética y cultural de la fiesta.
José Puente, Recortador Últimos años y legado
Falleció en Madrid en enero de 2002, a los 73 años. Tras su muerte, su figura fue objeto de numerosos homenajes, entre ellos exposiciones retrospectivas en la Plaza de Toros de Las Ventas y en diversas salas madrileñas. Su legado artístico encontró continuidad en su hijo, el escultor taurino Puente Jerez, prolongando una tradición familiar vinculada al toro desde distintas disciplinas.
Su afición taurina
La afición taurina de Pepe Puente fue hereditaria, visceral y constante. No se limitó a la contemplación estética: asistía a corridas, encierros y festejos populares, y mantenía una relación directa con toreros, ganaderos y críticos. Vivía la tauromaquia como experiencia total, cotidiana y compartida.
José Puente, Entrar a matar Para él, el toro no era solo motivo pictórico, sino forma de entender la vida, la emoción y la tradición española. Esa entrega absoluta se refleja en una obra llena de detalles humanos, gestos mínimos y escenas aparentemente secundarias que solo un aficionado profundo podía captar.
Su pintura no ilustra la tauromaquia: la vive. Y en esa vivencia, sostenida durante décadas, reside la fuerza y la permanencia de su legado.