Del Guernica a la plaza: Guttuso, Picasso y la verdad del toro
Publicado: Dom Ene 18, 2026 6:52 pm
Del Guernica a la plaza: Renato Guttuso, Picasso y la verdad del toro
Renato Guttuso juega cómodamente en la "primera división" de los pintores italianos de los últimos 200 años (es decir, desde aproximadamente 1825 hasta hoy). Carece de la proyección internacional de los macchiaioli como Giovanni Fattori o Silvestro Lega en el XIX, o los grandes modernos de la primera mitad del XX como Giorgio de Chirico, Amedeo Modigliani, Giorgio Morandi, Giacomo Balla del futurismo, Lucio Fontana o Alberto Burri. Pero en el ámbito estrictamente del siglo XX italiano (y especialmente en la segunda mitad, posguerra), Renato Guttuso es indiscutiblemente uno de los más importantes y representativos pintores de Italia.
Renato Guttuso nació en Bagheria, Sicilia, el 26 de diciembre de 1911 (aunque registrado oficialmente el 2 de enero de 1912 en Palermo). Creció en un entorno marcado por la dureza social, el paisaje áspero y una tradición cultural profundamente popular. Desde muy joven mostró una inclinación natural hacia el dibujo y la pintura, desarrollando una mirada directa, sin ornamentos, atenta al conflicto humano. Esa raíz siciliana nunca lo abandonaría y actuaría como un sedimento moral permanente en su obra.
Renato Guttuso, Retrato Murió en Roma el 18 de enero de 1987, dejando un legado de más de 2.000 obras que hoy se conservan en instituciones como el MoMA, la Tate Modern y la Galleria Nazionale d’Arte Moderna de Roma.
Formado al margen de academias rígidas, Guttuso absorbió influencias diversas: el realismo social, el expresionismo europeo y ciertas enseñanzas formales de la vanguardia, siempre filtradas por una voluntad narrativa muy clara. Su pintura rehúye la abstracción pura y se instala en un figurativismo tenso y combativo, donde la forma está al servicio del contenido.
Renato Guttuso, Crucifixión Obra y compromiso
Entre sus obras clave destacan Fuga dall’Etna (1938–1939), Fucilazione in campagna (1938, homenaje a Federico García Lorca), Contadino che zappa (1947), Campesinos de Sicilia (1951) y La Vucciria (1974), vibrante retrato del mercado de Palermo.
Durante el fascismo, su obra se convirtió en un espacio de resistencia. La célebre Crucifixión (1941), presentada en el Premio Bergamo y censurada por el Vaticano, no es solo un episodio religioso reinterpretado, sino una alegoría descarnada de la violencia política y moral de su tiempo. A partir de ahí, Guttuso consolidó una pintura de compromiso, en la que el drama colectivo se expresa a través de cuerpos rotundos, gestos crispados y un color que actúa casi como herida.
Guttuso La invitación, Picasso y los suyos El artista público
Tras la guerra, su papel en la cultura italiana se amplió notablemente. Militante comunista, intelectual público y artista reconocido, Guttuso se convirtió en una referencia ética además de estética. Sus grandes composiciones corales —funerales, manifestaciones, mercados, escenas de trabajo— retratan una Italia en reconstrucción, atravesada por tensiones sociales y esperanzas contradictorias.
Recibió el premio del Consejo Mundial de la Paz en Varsovia (1950), el Premio Lenin por la Paz (1972) y fue elegido senador por el Partido Comunista Italiano (PCI) en 1976, cargo que ocupó hasta 1983. Expuso en la Bienal de Venecia —donde obtuvo premios en 1952 y 1960— y fue miembro de academias como la de San Lucas y la de las Artes de Berlín.
Guttuso, Los toros de Picasso Picasso como referencia moral
Es en este contexto donde aparece la figura de Pablo Picasso como referencia decisiva. Guttuso admiró profundamente al pintor español, no como modelo a imitar, sino como ejemplo de libertad creadora y de compromiso histórico. El impacto del Guernica (1937) es evidente: no en la forma literal, sino en la comprensión de la pintura como arma moral y testimonio del siglo.
Renato Guttuso, El toro Ya en 1933, con solo 22 años y bajo el régimen fascista, Guttuso escribió un artículo elogiando a Picasso y su arte revolucionario, que fue censurado de inmediato por el periódico siciliano L’Ora, suspendiendo su colaboración. Tras la guerra, entre 1945 y 1946, viajó a París y conoció personalmente a Picasso, iniciándose una amistad profunda que duró hasta la muerte del español en 1973. En 1973, Guttuso le dedicó una serie de obras en homenaje, dialogando directamente con el legado del maestro.
Renato Guttuso, El toro Tauromaquia: rito y tragedia
La relación de Guttuso con Picasso se manifiesta de manera especialmente intensa en su aproximación a la tauromaquia. Para ambos, el toro no es un motivo folclórico, sino un símbolo primario: fuerza, violencia, sacrificio y destino. Guttuso encuentra en el mundo taurino un escenario donde convergen brutalidad y rito, vida y muerte, individuo y masa.
Sus pinturas taurinas no buscan la elegancia ni el espectáculo. Al contrario, son escenas cargadas de tensión, con figuras comprimidas, cuerpos en lucha y un color agresivo que subraya el dramatismo. El toro aparece como presencia trágica, casi mítica, mientras el hombre se muestra vulnerable, expuesto, lejos de cualquier idealización heroica.
Renato Guttuso, Llanto por la muerte de Picasso A diferencia de Picasso, cuya tauromaquia oscila entre lo simbólico y lo lúdico, Guttuso se inclina hacia una lectura más sombría y terrenal. En sus lienzos, la plaza se convierte en un espacio de confrontación moral, un teatro donde se representa la condición humana sin concesiones.
Balance final
En conjunto, la obra de Renato Guttuso configura uno de los testimonios pictóricos más sólidos del siglo XX italiano. Sin necesidad de pertenecer a una escuela cerrada ni de perseguir la novedad formal por sí misma, supo construir un lenguaje propio, reconocible y profundamente arraigado en su tiempo. Su pintura, incómoda y apasionada, sigue interpelando al espectador porque no rehúye el conflicto ni la responsabilidad de mirar de frente la realidad. Renato Guttuso Llanto por la muerte de Picasso Sello postal, Luxemburgo
Renato Guttuso juega cómodamente en la "primera división" de los pintores italianos de los últimos 200 años (es decir, desde aproximadamente 1825 hasta hoy). Carece de la proyección internacional de los macchiaioli como Giovanni Fattori o Silvestro Lega en el XIX, o los grandes modernos de la primera mitad del XX como Giorgio de Chirico, Amedeo Modigliani, Giorgio Morandi, Giacomo Balla del futurismo, Lucio Fontana o Alberto Burri. Pero en el ámbito estrictamente del siglo XX italiano (y especialmente en la segunda mitad, posguerra), Renato Guttuso es indiscutiblemente uno de los más importantes y representativos pintores de Italia.
Renato Guttuso nació en Bagheria, Sicilia, el 26 de diciembre de 1911 (aunque registrado oficialmente el 2 de enero de 1912 en Palermo). Creció en un entorno marcado por la dureza social, el paisaje áspero y una tradición cultural profundamente popular. Desde muy joven mostró una inclinación natural hacia el dibujo y la pintura, desarrollando una mirada directa, sin ornamentos, atenta al conflicto humano. Esa raíz siciliana nunca lo abandonaría y actuaría como un sedimento moral permanente en su obra.
Renato Guttuso, Retrato Murió en Roma el 18 de enero de 1987, dejando un legado de más de 2.000 obras que hoy se conservan en instituciones como el MoMA, la Tate Modern y la Galleria Nazionale d’Arte Moderna de Roma.
Formado al margen de academias rígidas, Guttuso absorbió influencias diversas: el realismo social, el expresionismo europeo y ciertas enseñanzas formales de la vanguardia, siempre filtradas por una voluntad narrativa muy clara. Su pintura rehúye la abstracción pura y se instala en un figurativismo tenso y combativo, donde la forma está al servicio del contenido.
Renato Guttuso, Crucifixión Obra y compromiso
Entre sus obras clave destacan Fuga dall’Etna (1938–1939), Fucilazione in campagna (1938, homenaje a Federico García Lorca), Contadino che zappa (1947), Campesinos de Sicilia (1951) y La Vucciria (1974), vibrante retrato del mercado de Palermo.
Durante el fascismo, su obra se convirtió en un espacio de resistencia. La célebre Crucifixión (1941), presentada en el Premio Bergamo y censurada por el Vaticano, no es solo un episodio religioso reinterpretado, sino una alegoría descarnada de la violencia política y moral de su tiempo. A partir de ahí, Guttuso consolidó una pintura de compromiso, en la que el drama colectivo se expresa a través de cuerpos rotundos, gestos crispados y un color que actúa casi como herida.
Guttuso La invitación, Picasso y los suyos El artista público
Tras la guerra, su papel en la cultura italiana se amplió notablemente. Militante comunista, intelectual público y artista reconocido, Guttuso se convirtió en una referencia ética además de estética. Sus grandes composiciones corales —funerales, manifestaciones, mercados, escenas de trabajo— retratan una Italia en reconstrucción, atravesada por tensiones sociales y esperanzas contradictorias.
Recibió el premio del Consejo Mundial de la Paz en Varsovia (1950), el Premio Lenin por la Paz (1972) y fue elegido senador por el Partido Comunista Italiano (PCI) en 1976, cargo que ocupó hasta 1983. Expuso en la Bienal de Venecia —donde obtuvo premios en 1952 y 1960— y fue miembro de academias como la de San Lucas y la de las Artes de Berlín.
Guttuso, Los toros de Picasso Picasso como referencia moral
Es en este contexto donde aparece la figura de Pablo Picasso como referencia decisiva. Guttuso admiró profundamente al pintor español, no como modelo a imitar, sino como ejemplo de libertad creadora y de compromiso histórico. El impacto del Guernica (1937) es evidente: no en la forma literal, sino en la comprensión de la pintura como arma moral y testimonio del siglo.
Renato Guttuso, El toro Ya en 1933, con solo 22 años y bajo el régimen fascista, Guttuso escribió un artículo elogiando a Picasso y su arte revolucionario, que fue censurado de inmediato por el periódico siciliano L’Ora, suspendiendo su colaboración. Tras la guerra, entre 1945 y 1946, viajó a París y conoció personalmente a Picasso, iniciándose una amistad profunda que duró hasta la muerte del español en 1973. En 1973, Guttuso le dedicó una serie de obras en homenaje, dialogando directamente con el legado del maestro.
Renato Guttuso, El toro Tauromaquia: rito y tragedia
La relación de Guttuso con Picasso se manifiesta de manera especialmente intensa en su aproximación a la tauromaquia. Para ambos, el toro no es un motivo folclórico, sino un símbolo primario: fuerza, violencia, sacrificio y destino. Guttuso encuentra en el mundo taurino un escenario donde convergen brutalidad y rito, vida y muerte, individuo y masa.
Sus pinturas taurinas no buscan la elegancia ni el espectáculo. Al contrario, son escenas cargadas de tensión, con figuras comprimidas, cuerpos en lucha y un color agresivo que subraya el dramatismo. El toro aparece como presencia trágica, casi mítica, mientras el hombre se muestra vulnerable, expuesto, lejos de cualquier idealización heroica.
Renato Guttuso, Llanto por la muerte de Picasso A diferencia de Picasso, cuya tauromaquia oscila entre lo simbólico y lo lúdico, Guttuso se inclina hacia una lectura más sombría y terrenal. En sus lienzos, la plaza se convierte en un espacio de confrontación moral, un teatro donde se representa la condición humana sin concesiones.
Balance final
En conjunto, la obra de Renato Guttuso configura uno de los testimonios pictóricos más sólidos del siglo XX italiano. Sin necesidad de pertenecer a una escuela cerrada ni de perseguir la novedad formal por sí misma, supo construir un lenguaje propio, reconocible y profundamente arraigado en su tiempo. Su pintura, incómoda y apasionada, sigue interpelando al espectador porque no rehúye el conflicto ni la responsabilidad de mirar de frente la realidad. Renato Guttuso Llanto por la muerte de Picasso Sello postal, Luxemburgo