Pintar contra el tiempo: Baldomero Romero Ressendi (1922–1977)
Publicado: Mar Ene 20, 2026 12:11 am
Pintar contra el tiempo: Baldomero Romero Ressendi (1922–1977)
Baldomero Romero Ressendi nació en Sevilla el 20 de enero de 1922, en el seno de una familia burguesa, y murió en Madrid el 11 de abril de 1977, solo, a los cincuenta y cinco años. Su biografía se ha construido a partes iguales con documentos, recuerdos fragmentarios y una abundancia de leyendas que él mismo alimentó con una vida llevada siempre al límite. Ese cruce entre rigor técnico y exceso vital marcó de forma indeleble su pintura..
Baldomero Romero Ressendi, Retrato vestido de torero Tras iniciar estudios de Medicina, que abandonó muy pronto, ingresó en la Escuela de Artes y Oficios de Sevilla en 1937 y, más tarde, en la Escuela de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría, donde permaneció hasta 1943. Ya entonces destacó por un talento fuera de norma y por una actitud desafiante hacia el academicismo. En aquellos años trabó amistad con el pintor Eufemiano Sánchez, natural de Marchena, una relación sostenida en el tiempo y en una afinidad estética marcada por el rechazo a la complacencia.
La danza de los pavos, Romero Ressendi Un expresionista en tiempos adversos
Desde mediados de los años cuarenta, Romero Ressendi comenzó a adquirir fama como pintor escandaloso. Algunas de sus obras religiosas y simbólicas fueron consideradas obscenas por sectores eclesiásticos, llegando a rozar la censura más severa. La intervención de figuras como el historiador José Hernández Díaz resultó decisiva para evitar consecuencias mayores. Aquella tensión con la moral oficial no le impidió, sin embargo, recibir encargos importantes por parte de la burguesía y de determinadas instancias del régimen.
Baldomero Romero Ressendi, Los borrachos Su pintura se inscribe en un expresionismo personal, de raíz barroca, heredero directo de El Greco, Valdés Leal y, sobre todo, de Goya, a quien consideraba superior a Velázquez. Paletas oscuras, iluminaciones dramáticas y una pincelada nerviosa definen una obra obsesionada con lo humano en su vertiente más frágil y descarnada. Nunca pintó paisajes, género que detestaba, y centró su producción en retratos, bodegones inquietantes, escenas religiosas, motivos populares y ambientes marginales.
Romero Ressendi, Recibir al toro Vida cotidiana y carácter
Su vida diaria combinaba una disciplina férrea con una imprevisibilidad absoluta. Pintaba desde primera hora de la mañana, estudiaba anatomía, practicaba yoga y montaba a caballo, pero podía desaparecer durante días enteros absorbido por la noche sevillana o madrileña. En su casa convivían numerosos perros y decenas de pájaros, cuyas jaulas limpiaba personalmente, junto a una colección heterodoxa de minerales y fósiles. Estos hábitos reforzaron su imagen de artista excéntrico, autosuficiente y difícil de encasillar.
Baldomero Romero Ressendi, Autorretrato de ojos alucinados A esa vida desordenada se sumó una intensa actividad social y sentimental, envuelta en rumores y exageraciones que contribuyeron a su leyenda de pintor “maldito”. Pagaba consumiciones dobladas en noches caprichosas, alternaba con gitanos, flamencos, militares y clérigos, y cultivó una fama de genio imprevisible que le granjeó tantos admiradores como enemigos.
Baldomero Romero Ressendi, El Papa Negro La obra taurina: una mirada desde los márgenes
La tauromaquia ocupa un lugar central en la obra de Romero Ressendi, pero su aproximación se aleja deliberadamente de la épica y del folclore. Sus toreros no son héroes triunfales, sino figuras cansadas, abatidas o irónicas, atrapadas en la resaca moral de la fiesta. En cuadros como Los borrachos, dos diestros aparecen sentados en el suelo, ebrios, con los trajes de luces arrugados, aferrados al vino como último refugio tras la gloria o el fracaso.
Baldomero Romero Ressendi, El viejo torero En otras obras, el mundo taurino se mezcla con el circo, la infancia o la sátira, como en Los arlequines y el torero, Monigote vestido de torero o la inquietante figura felina de El torero (El Gato Macho). Estas composiciones desmitifican el rito y lo conectan con una visión más amplia de la sociedad de posguerra: pobreza, alcohol, fiesta y tragedia conviven sin jerarquías. La suya es una tauromaquia de interiores, tabernas y juegos infantiles, integrada de forma natural en la vida popular andaluza.
Baldomero Romero Ressendi, El torero, gato macho Desde el punto de vista formal, los trajes de luces se convierten en manchas vibrantes sobre fondos sombríos, las figuras se deforman según la tensión psicológica de la escena y el espacio se estrecha para concentrar el drama. Más que glorificar la faena, Ressendi se interesa por el antes y el después, por el reverso humano del espectáculo.
Baldomero Romero Ressendi Vestido torero Fama, mercado y legado
En vida, Romero Ressendi fue un pintor muy cotizado en Sevilla y Madrid. Expuso entre 1940 y 1941 en la Galería Aeolian de Madrid y en 1946 celebró una muestra decisiva en la Galería Cubiles, que consolidó su reconocimiento comercial. Pese a ello, permaneció al margen de los circuitos académicos oficiales y apenas ingresó en museos públicos.
Baldomero Romero Ressendi, Arlequín Tras su muerte, su obra quedó dispersa en colecciones privadas. En 2007, el museo de Alcalá de Guadaira le dedicó una exposición antológica, uno de los pocos intentos institucionales de reivindicar su figura. En el mercado internacional, sus obras han aparecido regularmente en casas de subastas como Fernando Durán, Alcalá Subastas o Setdart, con precios que oscilan entre cientos y varios miles de euros. Esa circulación constante confirma el interés sostenido por una obra incómoda, personal y aún pendiente de una revisión crítica definitiva.
Baldomero Romero Ressendi nació en Sevilla el 20 de enero de 1922, en el seno de una familia burguesa, y murió en Madrid el 11 de abril de 1977, solo, a los cincuenta y cinco años. Su biografía se ha construido a partes iguales con documentos, recuerdos fragmentarios y una abundancia de leyendas que él mismo alimentó con una vida llevada siempre al límite. Ese cruce entre rigor técnico y exceso vital marcó de forma indeleble su pintura..
Baldomero Romero Ressendi, Retrato vestido de torero Tras iniciar estudios de Medicina, que abandonó muy pronto, ingresó en la Escuela de Artes y Oficios de Sevilla en 1937 y, más tarde, en la Escuela de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría, donde permaneció hasta 1943. Ya entonces destacó por un talento fuera de norma y por una actitud desafiante hacia el academicismo. En aquellos años trabó amistad con el pintor Eufemiano Sánchez, natural de Marchena, una relación sostenida en el tiempo y en una afinidad estética marcada por el rechazo a la complacencia.
La danza de los pavos, Romero Ressendi Un expresionista en tiempos adversos
Desde mediados de los años cuarenta, Romero Ressendi comenzó a adquirir fama como pintor escandaloso. Algunas de sus obras religiosas y simbólicas fueron consideradas obscenas por sectores eclesiásticos, llegando a rozar la censura más severa. La intervención de figuras como el historiador José Hernández Díaz resultó decisiva para evitar consecuencias mayores. Aquella tensión con la moral oficial no le impidió, sin embargo, recibir encargos importantes por parte de la burguesía y de determinadas instancias del régimen.
Baldomero Romero Ressendi, Los borrachos Su pintura se inscribe en un expresionismo personal, de raíz barroca, heredero directo de El Greco, Valdés Leal y, sobre todo, de Goya, a quien consideraba superior a Velázquez. Paletas oscuras, iluminaciones dramáticas y una pincelada nerviosa definen una obra obsesionada con lo humano en su vertiente más frágil y descarnada. Nunca pintó paisajes, género que detestaba, y centró su producción en retratos, bodegones inquietantes, escenas religiosas, motivos populares y ambientes marginales.
Romero Ressendi, Recibir al toro Vida cotidiana y carácter
Su vida diaria combinaba una disciplina férrea con una imprevisibilidad absoluta. Pintaba desde primera hora de la mañana, estudiaba anatomía, practicaba yoga y montaba a caballo, pero podía desaparecer durante días enteros absorbido por la noche sevillana o madrileña. En su casa convivían numerosos perros y decenas de pájaros, cuyas jaulas limpiaba personalmente, junto a una colección heterodoxa de minerales y fósiles. Estos hábitos reforzaron su imagen de artista excéntrico, autosuficiente y difícil de encasillar.
Baldomero Romero Ressendi, Autorretrato de ojos alucinados A esa vida desordenada se sumó una intensa actividad social y sentimental, envuelta en rumores y exageraciones que contribuyeron a su leyenda de pintor “maldito”. Pagaba consumiciones dobladas en noches caprichosas, alternaba con gitanos, flamencos, militares y clérigos, y cultivó una fama de genio imprevisible que le granjeó tantos admiradores como enemigos.
Baldomero Romero Ressendi, El Papa Negro La obra taurina: una mirada desde los márgenes
La tauromaquia ocupa un lugar central en la obra de Romero Ressendi, pero su aproximación se aleja deliberadamente de la épica y del folclore. Sus toreros no son héroes triunfales, sino figuras cansadas, abatidas o irónicas, atrapadas en la resaca moral de la fiesta. En cuadros como Los borrachos, dos diestros aparecen sentados en el suelo, ebrios, con los trajes de luces arrugados, aferrados al vino como último refugio tras la gloria o el fracaso.
Baldomero Romero Ressendi, El viejo torero En otras obras, el mundo taurino se mezcla con el circo, la infancia o la sátira, como en Los arlequines y el torero, Monigote vestido de torero o la inquietante figura felina de El torero (El Gato Macho). Estas composiciones desmitifican el rito y lo conectan con una visión más amplia de la sociedad de posguerra: pobreza, alcohol, fiesta y tragedia conviven sin jerarquías. La suya es una tauromaquia de interiores, tabernas y juegos infantiles, integrada de forma natural en la vida popular andaluza.
Baldomero Romero Ressendi, El torero, gato macho Desde el punto de vista formal, los trajes de luces se convierten en manchas vibrantes sobre fondos sombríos, las figuras se deforman según la tensión psicológica de la escena y el espacio se estrecha para concentrar el drama. Más que glorificar la faena, Ressendi se interesa por el antes y el después, por el reverso humano del espectáculo.
Baldomero Romero Ressendi Vestido torero Fama, mercado y legado
En vida, Romero Ressendi fue un pintor muy cotizado en Sevilla y Madrid. Expuso entre 1940 y 1941 en la Galería Aeolian de Madrid y en 1946 celebró una muestra decisiva en la Galería Cubiles, que consolidó su reconocimiento comercial. Pese a ello, permaneció al margen de los circuitos académicos oficiales y apenas ingresó en museos públicos.
Baldomero Romero Ressendi, Arlequín Tras su muerte, su obra quedó dispersa en colecciones privadas. En 2007, el museo de Alcalá de Guadaira le dedicó una exposición antológica, uno de los pocos intentos institucionales de reivindicar su figura. En el mercado internacional, sus obras han aparecido regularmente en casas de subastas como Fernando Durán, Alcalá Subastas o Setdart, con precios que oscilan entre cientos y varios miles de euros. Esa circulación constante confirma el interés sostenido por una obra incómoda, personal y aún pendiente de una revisión crítica definitiva.