México: José Guadalupe Posada, el cronista que grabó a un país entero y sus toros

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México: José Guadalupe Posada, el cronista que grabó a un país entero y sus toros

Mensaje por EstoEsElPueblo » Jue Ene 22, 2026 12:04 pm

México: José Guadalupe Posada, el cronista que grabó a un país entero y sus toros

En la mañana del 2 de febrero de 1852, en Aguascalientes, nació José Guadalupe Posada Aguilar. La fecha suena limpia en los registros; la vida, en cambio, vino con polvo de calle y tinta de imprenta. Si uno busca el origen de su mirada —ese modo de narrar con líneas gruesas y sombras rotundas— no lo encontrará en los salones, sino en los talleres donde el oficio se aprende mirando manos ajenas y tragando silencio. Posada creció en una ciudad que ya sabía lo que era una feria, un gentío y una emoción colectiva que sube como la espuma.

De joven entró en el ambiente de la litografía y el grabado en torno a José Trinidad Pedroza, figura decisiva en su formación. A Posada no se le educó para el cuadro quieto, sino para la imagen que viaja: la estampa que se imprime rápido, se vende barata, se entiende de golpe. Muy pronto su trabajo se rozó con la prensa satírica —esa manera de decir sin decir— y empezó a perfilarse un rasgo que lo acompañaría siempre: la habilidad para mirar el poder de frente… y reírse de él por debajo.
José Guadalupe Posada Primero a la derecha
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León: oficio, taller y una ciudad que se le viene encima
A finales de los años setenta, Posada se instaló en León, en Guanajuato. Allí abrió taller, se ganó el pan con trabajos comerciales —etiquetas, anuncios, papelería— y sostuvo una producción constante para impresos populares. León le dio continuidad, rutina y clientela; también le dio, en 1888, una sacudida que la biografía no puede contar sin detenerse: la gran inundación que arrasó barrios, talleres y pertenencias. Ese golpe, además de material, fue biográfico: obligó a recomponerlo todo.
José Guadalupe Posada Abril tiene 30 días, 1893
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El episodio de 1888 suele narrarse como un “antes y después”. Tiene lógica: tras la inundación, la capital se convirtió en destino y necesidad. En Ciudad de México, Posada entró en el circuito feroz de la imprenta: encargos diarios, plazos imposibles, temas cambiantes. Era otro mundo. Ya no bastaba con dibujar bien: había que dibujar rápido y con puntería, como quien titula una noticia para que se venda en la esquina.
José Guadalupe Posada Pelea de gallos
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La capital: la máquina popular de imágenes
En Ciudad de México, Posada encontró el lugar donde su talento y la demanda pública encajaron como una llave. Su nombre quedó ligado a Antonio Vanegas Arroyo, editor que supo leer el apetito del público: hojas volantes, corridos, historias de sucesos, calamidades, prodigios, sátiras y avisos. En ese engranaje, Posada fue menos “ilustrador” que periodista visual: traducía al papel lo que la ciudad rumoraba.
José Guadalupe Posada Caida del picador
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Los días de Posada, imaginados con poco esfuerzo, suenan a metal y madera. Talleres estrechos, olor a tinta, planchas que se apilan, tipos móviles, el golpe seco de la prensa. Y afuera, una capital que mezcla lujo y hambre, serenatas y sobresaltos, religiosidad y burla. Allí su obra se volvió un archivo no oficial del México porfiriano y de los años que desembocan en la Revolución: un diario sin firma grandilocuente, comprado por centavos.
José Guadalupe Posada La corrida de toros
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Posada murió el 20 de enero de 1913. Lo hizo sin la consagración institucional que llega tarde a los artistas de calle. Fue enterrado sin monumento, como tantos personajes anónimos a los que él había puesto rostro. Ese contraste —vida modesta, posteridad ruidosa— es parte esencial de su leyenda.

Redes, personas y el rescate póstumo
La biografía de Posada también se explica por las personas que lo rodearon y por el sistema que lo hizo circular. En Aguascalientes, Pedroza fue el umbral. En la capital, Vanegas Arroyo fue la plataforma. Entre ambos extremos hay redactores, impresores, vendedores, pregoneros: una cadena humana que convirtió la imagen en noticia.
José Guadalupe Posada Caricaturas deporte
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Tras su muerte, la figura que más contribuyó a elevarlo a símbolo fue Diego Rivera. Rivera lo reivindicó como antecedente mayor del arte mexicano moderno y lo colocó, además, dentro de un relato visual donde Posada ya no era solo un artesano brillante, sino un fundador. Otros artistas e historiadores —entre ellos Jean Charlot— ayudaron a fijar su importancia, a catalogar, a mirar con seriedad lo que había nacido para la calle.

Ese rescate cambió el destino de sus estampas: pasaron de lo efímero a lo coleccionable. Y, con ello, Posada empezó a viajar. Primero en México; luego fuera. La imagen popular, cuando se vuelve símbolo, cruza fronteras con facilidad: no necesita traducción.
José Guadalupe Posada Creador de la Catrina
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Un cronista gráfico del pueblo
Posada trabajó entre la artesanía y la industria cultural. Produjo miles de grabados para corridos, catálogos, hojas volantes y relatos de sucesos. En ellos aparece todo: descarrilamientos, fusilamientos, inundaciones, bailes, borrachos, charros, curas, damas elegantes, mendigos, niños. El repertorio es inmenso, pero el tono tiene coherencia: mezcla humor, dramatismo y una síntesis gráfica que golpea a la primera mirada.

Su gran virtud fue entender el ritmo de la calle. Una hoja volante no pide contemplación: pide impacto y claridad. Posada resolvió eso con contornos firmes, contrastes duros y escenas donde lo esencial se lee de inmediato. Es arte diseñado para circular, no para quedarse quieto.
José Guadalupe Posada Cuaderno de brindis
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La muerte y la calavera que se hizo emblema
Si hoy alguien pronuncia su nombre fuera de México, casi siempre llega por la misma puerta: sus calaveras. Esqueletos vestidos como gente de todas las clases, riéndose de la vanidad, de la moda, de la autoridad y, en el fondo, de esa ilusión humana de durar. Entre esas figuras destaca la Calavera garbancera, convertida después en La Catrina por la relectura de Rivera y por la cultura visual del siglo XX.

La clave de esa iconografía es sencilla y brutal: la muerte iguala. Posada no la pinta como tragedia solemne, sino como presencia cotidiana, familiar, casi burlona. Eso no la vuelve “ligera”; la vuelve comprensible. Y, por eso mismo, exportable.
José Guadalupe Posada Don Quijote
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La obra taurina: toros, sangre y fiesta
Dentro del catálogo de Posada, la tauromaquia forma un capítulo significativo porque reúne, en una sola escena, muchos de sus temas: multitud, riesgo, negocio, rumor, gloria y caída. Sus grabados taurinos no se leen como estampas decorativas, sino como crónica del espectáculo: plazas repletas, cuadrillas en acción, el instante del peligro, el cuerpo que cae, el tendido que se revuelve. A veces la escena parece congelada a propósito en el momento más dramático, como si el artista supiera dónde está la noticia.
José Guadalupe Posada El banderillero
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En el plano formal, las corridas le permitieron desplegar movimiento con medios mínimos: diagonales tensas, siluetas potentes, un toro que entra como fuerza negra y un torero que, según el trazo, es héroe o víctima. La economía del grabado en relieve —madera, metal— se convierte en lenguaje: Posada simplifica para que el ojo entienda sin demora. El ruedo, en su obra, es teatro popular y también espejo social: se ven clases mezcladas, vendedores ambulantes, la vida alrededor del espectáculo.
José Guadalupe Posada La corrida de toros
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Su producción taurina se vincula, además, a los usos prácticos de la imprenta: carteles, hojas anunciadoras, estampas que acompañaban versos o corridos. En ese cruce entre imagen y texto, los toros funcionan como acontecimiento urbano, casi como hoy un partido o una gran función: algo que convoca, divide opiniones y genera papel impreso. No es extraño que sus imágenes taurinas circularan como una especie de “fotografía para todos” en un tiempo sin fotografía accesible.
Jose Guadalupe Posada Grabados y publicaciones
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Y está la vuelta de tuerca posadiana: el mundo taurino también admite calaveras. En algunas estampas, la muerte se asoma como personaje y no como final. No lo hace para moralizar desde un púlpito, sino para recordarle al público —con humor negro— que en la plaza se juega con algo real. Ese gesto, lejos de rebajar el tema, lo intensifica: convierte la corrida en metáfora completa de la vida, donde el valor, la vanidad, el aplauso y la fragilidad se tocan con la yema de los dedos.
José Guadalupe Posada León 1873
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España, el mundo y una lógica para la cultura de masas
A veces se exagera a Posada con frases que suenan bonitas pero piden explicación: que si “la exportación cultural más reconocible”, que si “puentes entre el viejo y el nuevo mundo”, que si saltos súbitos a Hollywood, al turismo o incluso a iconografías pop como portadas de rock. Dicho así, parece un truco publicitario. Pero hay una lectura lógico-racional que lo sostiene sin necesidad de inflarlo: Posada creó un repertorio de signos simples, memorables y reproducibles (calavera elegante, escena popular, sátira social) que funcionan en cualquier cultura porque se apoyan en universales —muerte, clase, burla, fiesta— y porque nacieron para circular en masa.
Jose Guadalupe Posada Cogida y muerte de Timoteo Rodríguez
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Cuando, décadas después, el Día de Muertos se proyecta fuera de México por migración, museos, industria cultural y consumo global de imágenes, esos signos viajan con facilidad: son claros, gráficos y se adaptan a cualquier soporte (cartel, camiseta, cine, desfile, portada). No es que Hollywood “invente” a Posada, sino que una maquinaria global reconoce una imagen eficaz y la reutiliza. Y en España —con tradición fuerte de estampa, sátira y cultura gráfica— Posada se lee con un parentesco natural: no por moda, sino por afinidad de lenguaje y por el interés sostenido de especialistas, exposiciones y lectores de gráfica popular.
Jose Guadalupe Posada Toros
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Cierre: el hombre que no buscó monumento
Posada murió sin el aplauso oficial, pero dejó algo más duradero que una medalla: una manera de mirar. Sus calaveras no son solo “mexicanas”; son humanas. Sus hojas volantes no son solo “prensa vieja”; son un modo de contar la realidad con economía y filo. Y su tauromaquia, lejos de ser un apéndice, encaja en su gran tema: la vida pública como espectáculo, con sus héroes de un día y sus caídas inevitables.

Queda la imagen final: el grabador trabajando a ras de suelo, mientras afuera la ciudad sigue. Posada no necesitó museo para ser importante. El museo llegó después, cuando el mundo entendió que la calle también escribe historia.
Un foro :idea: es mejor que twitter, mejor que facebook, mejor que instagram... ¿por qué? Este foro es taurino; las redes sociales son antis :evil: .


Picatoste
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Re: México: José Guadalupe Posada, el cronista que grabó a un país entero y sus toros

Mensaje por Picatoste » Dom Ene 25, 2026 11:22 am

Su producción fue inmensa, y muchos carteles con firma en corto: en más de un anuncio taurino, Posada no se estiraba con el nombre entero; dejaba un “G. Posada” y a otra cosa. Oficio puro: la imagen mandaba, la vanidad no pagaba el papel.
Picatoste, filósofo griego temprano

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