“Fortuna” frente al toro en plena Gran Vía: la faena improvisada de 1928
Publicado: Vie Ene 23, 2026 11:51 am
“Fortuna” frente al toro en plena Gran Vía: la faena improvisada de 1928
El 24 de enero de 1928, aunque hay crónicas que dicen que fue el día 23, pasó algo bastante increíble en Madrid. Un toro bravo, negro, grande y con unos pitones muy serios, se escapó cuando lo llevaban al matadero junto con una vaca. El animal empezó a correr por la ciudad y aquello fue un auténtico lío. Bajó por la cuesta de San Vicente, pasó por la plaza de España, siguió por calles como Corredera Baja de San Pablo y Valverde y, para sorpresa de todos, acabó metiéndose en plena Gran Vía. Hubo heridos, rompió puestos del Mercado de San Ildefonso y la gente salió corriendo entre gritos y carreras. La Gran Vía, que normalmente era puro movimiento, se convirtió en un caos total.
En medio de todo eso apareció Diego Mazquiarán, al que llamaban “Fortuna”, un torero vasco de Sestao que iba paseando tranquilamente con su mujer por la Gran Vía. Cuando vio al toro suelto, a la altura del número 13, cerca de la calle del Clavel, no se lo pensó mucho. Se quitó el abrigo y lo usó como si fuera un capote para pararle los pies al animal. Mientras tanto gritaba que le trajeran un estoque. Un mozo salió corriendo hasta su casa, que estaba cerca, y volvió con su espada.
Durante unos quince minutos estuvo toreando al toro allí mismo, en plena calle, entre aplausos, olés y gente asomada a los balcones y en las aceras. Al final entró a matar, y aunque tuvo que intentarlo dos veces, consiguió estoqueándolo con precisión. Cuando todo terminó, la gente estaba tan aliviada y emocionada que lo sacaron a hombros y lo llevaron hasta el Café Regina.
Aquel día “Fortuna” se convirtió en un héroe popular. Le dieron la Cruz de Beneficencia y su nombre volvió a sonar con fuerza, aunque como matador, desde que tomó la alternativa en 1916, había tenido una carrera más bien de segunda fila. Aun así, siempre se le reconoció el valor y lo bien que entraba a matar, sobre todo a volapié.
Más tarde, durante la Guerra Civil Española, Diego Mazquiarán “Fortuna” se puso del lado de la República y formó parte de la Brigada de Toreros del Ejército de Maniobra, vinculada también al Ejército Popular de la República. Era una unidad bastante peculiar, formada por toreros y aficionados, que además de ir al frente organizaba capeas y exhibiciones para animar a las tropas republicanas, sobre todo por la zona del centro y La Mancha.
El 24 de enero de 1928, aunque hay crónicas que dicen que fue el día 23, pasó algo bastante increíble en Madrid. Un toro bravo, negro, grande y con unos pitones muy serios, se escapó cuando lo llevaban al matadero junto con una vaca. El animal empezó a correr por la ciudad y aquello fue un auténtico lío. Bajó por la cuesta de San Vicente, pasó por la plaza de España, siguió por calles como Corredera Baja de San Pablo y Valverde y, para sorpresa de todos, acabó metiéndose en plena Gran Vía. Hubo heridos, rompió puestos del Mercado de San Ildefonso y la gente salió corriendo entre gritos y carreras. La Gran Vía, que normalmente era puro movimiento, se convirtió en un caos total.
En medio de todo eso apareció Diego Mazquiarán, al que llamaban “Fortuna”, un torero vasco de Sestao que iba paseando tranquilamente con su mujer por la Gran Vía. Cuando vio al toro suelto, a la altura del número 13, cerca de la calle del Clavel, no se lo pensó mucho. Se quitó el abrigo y lo usó como si fuera un capote para pararle los pies al animal. Mientras tanto gritaba que le trajeran un estoque. Un mozo salió corriendo hasta su casa, que estaba cerca, y volvió con su espada.
Durante unos quince minutos estuvo toreando al toro allí mismo, en plena calle, entre aplausos, olés y gente asomada a los balcones y en las aceras. Al final entró a matar, y aunque tuvo que intentarlo dos veces, consiguió estoqueándolo con precisión. Cuando todo terminó, la gente estaba tan aliviada y emocionada que lo sacaron a hombros y lo llevaron hasta el Café Regina.
Aquel día “Fortuna” se convirtió en un héroe popular. Le dieron la Cruz de Beneficencia y su nombre volvió a sonar con fuerza, aunque como matador, desde que tomó la alternativa en 1916, había tenido una carrera más bien de segunda fila. Aun así, siempre se le reconoció el valor y lo bien que entraba a matar, sobre todo a volapié.
Más tarde, durante la Guerra Civil Española, Diego Mazquiarán “Fortuna” se puso del lado de la República y formó parte de la Brigada de Toreros del Ejército de Maniobra, vinculada también al Ejército Popular de la República. Era una unidad bastante peculiar, formada por toreros y aficionados, que además de ir al frente organizaba capeas y exhibiciones para animar a las tropas republicanas, sobre todo por la zona del centro y La Mancha.