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Foros Toreros • El Ángel Rojo: Melchor Rodríguez, el hombre que se quedó cuando todos se iban
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El Ángel Rojo: Melchor Rodríguez, el hombre que se quedó cuando todos se iban

Publicado: Sab Feb 14, 2026 1:32 pm
por EstoEsElPueblo
El Ángel Rojo: Melchor Rodríguez García, el hombre que se quedó cuando todos se iban

Melchor Rodríguez García (Sevilla, 30 de mayo de 1893 – Madrid, 14 de febrero de 1972) es una de esas figuras que no encajan en los relatos simples de "buenos y malos": anarquista, sindicalista, concejal, delegado de prisiones y último alcalde republicano de Madrid; y, antes de todo eso, novillero. Lo llamaron El ángel rojo por frenar asesinatos de presos en plena Guerra Civil desde la administración penitenciaria. Él no buscó el apodo: lo empujó la urgencia.
Melchor Rodríguez, alcalde de Madrid
Melchor Rodríguez Alcalde de Madrid.jpg
De la infancia a los toros como remedio contra la necesidad
Nació en el barrio sevillano de Triana (se cita la calle San Jorge) y creció con oficios tempranos y pocas redes. La pobreza no era un adjetivo: era un horario. Estudió hasta los trece y entró a trabajar como calderero. En esa Sevilla popular donde el toreo era escuela y salida, Melchor se echó al camino de capeas y tentaderos con la obstinación del que no tiene plan B.

Su rastro taurino aparece en repertorios y perfiles biográficos: se le recuerda como el caso singular que el Cossío menciona por unir, en una misma vida, toro y política. Sobre su debut hay dos capas que conviene distinguir: varias biografías sitúan su inicio como novillero en Sanlúcar de Barrameda en 1913, mientras que una enciclopedia taurina en línea fija el “debut de luces” en Sanlúcar, 5 de septiembre de 1915, alternando con Antonio García “Bombita IV”. Ambas cosas pueden convivir: empezar de novillero antes y “debutar de luces” después.

Toreó en un circuito de plazas donde se forjan los que van “a crédito”: Villalba, Salamanca, El Viso del Alcor, Sevilla… y el sueño mayor, Madrid. El 4 de agosto de 1918 se presentó en la plaza madrileña citada como Puerta de Alcalá en varias fuentes, y ahí llegó el golpe: una grave cogida que partió la carrera en dos.

Ese percance funciona como escena bisagra en casi todas las narraciones: el novillero que quería subir peldaños descubre que el cuerpo tiene memoria —y factura—. Aun así no cortó de inmediato: hay referencias a nuevos intentos en 1920 antes de dejar los ruedos definitivamente. Se retiró sin alternativa, pero con un aprendizaje que luego se le notaría en otro tipo de plaza: la de las decisiones.
El rancho de los presos
Melchor Rodríguez El Ángel Rojo y el rancho de los presos.jpg
Quien ha esperado un toro, aprende a esperar una turba.
Tras dejar el traje de luces, Melchor se asentó en Madrid como obrero chapista y creció en el mundo sindical y libertario. Cuando estalla la Guerra Civil, la capital es un hervidero de miedo y venganza: en ese contexto es nombrado delegado especial de prisiones el 10 de noviembre de 1936, dimite el día 14 por presiones, y vuelve el 4 de diciembre como Delegado General de Prisiones con plenos poderes, en un intento de recuperar control, legalidad y freno a las sacas.
Melchor Rodríguez Homenajes
Melchor Rodríguez Homenajes.jpg
Su primera medida famosa tiene una precisión casi quirúrgica: prohibió sin su autorización la salida de presos entre las 19:00 y las 07:00, cortando el mecanismo nocturno de los “paseos”. Y no se quedó en la orden: mejoró condiciones, creó una oficina de información, un hospital penitenciario y el “rancho” de los detenidos; los propios presos empezaron a llamarlo “El ángel rojo”, apodo que, según estudios, él rechazaba.

La escena más repetida —y más reveladora— llega el 8 de diciembre de 1936 en la cárcel de Alcalá de Henares: tras un bombardeo, una multitud quiere asaltar la prisión y ejecutar a los reclusos. Melchor se planta y logra salvar a 1.532 presos, entre ellos futuros nombres relevantes del franquismo. Ahí se entiende su poder real: no era un cargo, era una línea roja.

En los últimos días de la guerra fue último alcalde republicano de Madrid y participó en la entrega de la ciudad a las tropas franquistas el 28 de marzo de 1939, con la idea —según los relatos periodísticos— de evitar una caída aún más sangrienta. Su “premio” fue el proceso: consejo de guerra, petición de pena máxima y una conmutación favorecida por testimonios de personas a las que había salvado.
Melchor Rodríguez y una familia en la posguerra
Melchor Rodríguez y una familia en la posguerra.jpg
Murió en Madrid el 14 de febrero de 1972. Su entierro quedó como una imagen imposible: bandos enfrentados compartiendo silencio y rito, como si el país, por un momento, reconociera que la decencia también tiene biografía. Muchas o pocas cosas quedaron después de cantar el gori-gori. Sin embargo, hay una que define la lucha por la vida del joven novillero y luego hombre dedicado a la política que en tiempo de guerra luchaba por la vida: Se puede morir por las ideas; nunca matar por ellas.