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El maestro del toro y el bronce: vida, arte y tauromaquia de Humberto Peraza

Publicado: Sab May 30, 2026 4:44 pm
por EstoEsElPueblo
El maestro del toro y el bronce: vida, arte y tauromaquia de Humberto Peraza

Humberto Peraza y Ojeda nació en Mérida, Yucatán, el 4 de diciembre de 1925, en una época en la que el arte mexicano buscaba todavía una voz propia entre la tradición académica y el nacionalismo revolucionario. Falleció el 28 de mayo de 2016 en Cuernavaca, Morelos, acompañado de parte de su familia, después de una vida larga, intensa y extraordinariamente productiva.
Humberto Peraza
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Escultor, pintor, dibujante y hombre de cultura, Peraza fue uno de esos artistas que lograron trascender el círculo cerrado de las galerías para convertirse en personaje público reconocido en plazas, calles, recintos taurinos y edificios oficiales de México y del extranjero. Su nombre terminó unido para siempre al bronce monumental y, especialmente, a la representación artística de la tauromaquia.
Humberto Peraza Estatua Monumental de la Virgen del Carmen en Tampico
Humberto Peraza Estatua Monumental de la Virgen del Carmen en Tampico.jpg
La historia artística de Humberto Peraza comenzó en la Escuela de Bellas Artes de Mérida en 1939. Más tarde viajó a Ciudad de México y estudió en la antigua Academia de San Carlos y en la Escuela Nacional de Artes Plásticas de la UNAM, donde perfeccionó una técnica escultórica basada en el estudio anatómico, la observación del movimiento y el modelado clásico. Tuvo como maestros a figuras como Ignacio Asúnsolo y Fidias Elizondo. Desde muy joven mostró una capacidad obsesiva para el trabajo: podía pasar jornadas enteras modelando barro o corrigiendo pequeños detalles anatómicos en una mano, un músculo o la caída de un capote taurino.
Humberto Peraza junto a la estatua a Mario Moreno Cantinflas, realizada junto a su hijo H P Ávila
Humberto Peraza junto a la estatua a Mario Moreno Cantinflas, realizada junto a su hijo H P Ávila.jpg
Su ascenso coincidió con la expansión urbana y cultural del México de mediados del siglo XX. Mientras otros artistas se refugiaban en el experimentalismo abstracto, Peraza apostó por una figuración vigorosa y reconocible. Eso le permitió trabajar para gobiernos, universidades, instituciones culturales y grandes empresarios. Sus monumentos comenzaron a aparecer en Yucatán, Veracruz, Puebla, Ciudad de México, Zacatecas, Hidalgo y Baja California. La monumental estatua de Abraham Lincoln en Tijuana, los homenajes a Nezahualcóyotl o los monumentos a Agustín Lara mostraban a un escultor capaz de moverse entre la historia, la política y el arte popular.
Bronce conmemorativo de los 50 años de la Plaza México
Bronce conmemorativo de los 50 años de la Plaza México.jpg
Pero el nombre de Humberto Peraza terminó asociado sobre todo al universo taurino. En México se le llamó durante décadas “el escultor de la fiesta brava”. Algunos críticos fueron todavía más lejos: “el mejor escultor taurino del mundo”.
Humberto Peraza Fuente de Pegaso, 1975
H. Peraza Fuente de Pegaso, 1975.jpg
Su relación con los toros no fue únicamente estética. Peraza conocía el toreo desde dentro, había practicado como aficionado y entendía las suertes, las distancias y la colocación del cuerpo con precisión casi profesional. Esa experiencia práctica explicaba por qué sus esculturas taurinas poseen una sensación de movimiento poco habitual en el bronce.
Humberto Peraza El matador con banderillas 1968
Humberto Peraza El matador con banderillas 1968.jpg
En 1952 presentó en San Miguel de Allende un homenaje escultórico dedicado a Manolete, el torero cordobés cuya muerte había conmocionado a España pocos años antes. Aquella obra reveló hasta qué punto Peraza admiraba la tauromaquia española. A partir de entonces comenzó una larga conexión emocional y artística entre México y España. Su obra viajó a plazas, museos y colecciones privadas españolas, mientras él mantenía contacto con matadores, críticos y aficionados de ambos lados del Atlántico.
Humberto Peraza Pegaso. Fuente central de Palacio Nacional, Ciudad de México
Humberto Peraza Pegaso. Fuente central de Palacio Nacional, Ciudad de México.jpg
España ocupó un lugar importante en su carrera. En Cáceres se instaló una monumental escultura de Nezahualcóyotl en 1992, coincidiendo con las celebraciones culturales del V Centenario. Ese viaje reforzó sus vínculos con ambientes artísticos españoles y con aficionados taurinos extremeños y madrileños. En Madrid visitó numerosas veces Las Ventas y mantuvo encuentros con figuras del mundo del toro. El propio Peraza reconocía que las plazas españolas tenían un sentido ritual distinto al mexicano: más silencioso, más dramático y más ligado a la tradición histórica.
Humberto Peraza y Ojeda El Encierro
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En México, sin embargo, su territorio sentimental seguía siendo la Plaza México. Allí realizó algunas de sus piezas más conocidas: el monumento a Cantinflas, varias esculturas dedicadas a Eloy Cavazos y la célebre composición de la “Estocada de Eloy”. Sus obras no eran simples homenajes decorativos. Buscaban capturar el instante exacto del riesgo taurino: la tensión de las piernas, el viaje del toro, el engaño suspendido en el aire.
Humberto Pereza La celebración del matador
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Peraza publicó además un libro singular, La Tauromaquia de Peraza, editado en 1994, hoy difícil de encontrar. En él reunió fotografías, reflexiones y esculturas dedicadas al mundo taurino. El libro fue celebrado entre coleccionistas y bibliófilos taurinos mexicanos. Algunos aficionados recuerdan todavía aquellas tertulias en Ciudad de México donde el escultor discutía sobre verónicas, terrenos y encastes con una precisión impropia de un mero observador artístico.
Humberto Peraza, Trincherazo de Silverio Pérez
Humberto Peraza, Trincherazo de Silverio Pérez.jpg
Humberto Peraza, Trincherazo de Silverio Pérez.jpg (14.19 KiB) Visto 94 veces
La afición taurina de Humberto Peraza era tan intensa que varios cronistas aseguraban que podía reconocer el estilo de un matador únicamente observando la posición de la muñeca en una fotografía. Paco Terán, uno de los escritores taurinos que lo conocieron, dejó escrito que Peraza “entendía como pocos el toreo” y que sus esculturas eran exactas porque sabía colocar correctamente toro, torero y engaño.
Humberto Peraza, El Encierro, Plaza Monumental de Ciudad Juárez, Chihuahua
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Su taller de Cuernavaca se convirtió durante años en lugar de reunión de toreros, políticos, músicos y periodistas. Allí podían coincidir un gobernador, un ganadero, un escultor joven o un matador retirado. El ambiente tenía algo de vieja tertulia mexicana: café, humo, barro húmedo y conversaciones interminables sobre arte y toros. Muchos visitantes recuerdan el olor permanente a cera, yeso y bronce caliente.
Humberto Peraza, Cola charra
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Más allá de los toros, Humberto Peraza fue también un personaje público influyente dentro de la cultura mexicana del siglo XX. Pertenecía a esa generación de artistas capaces de convivir con presidentes, intelectuales, empresarios y celebridades populares sin perder el lenguaje cercano del artesano. Su fama creció enormemente durante las décadas de 1970 y 1980, cuando sus monumentos comenzaron a poblar ciudades mexicanas.