Las sentencias en el ámbito de internet y las redes sociales. El caso Víctor Barrio
Publicado: Vie Abr 24, 2020 9:35 am
La Audiencia Provincial de Segovia ha desestimado la apelación que interpuso la familia de Víctor Barrio, junto a la Fundación Toro de Lidia, contra Vicente Belenguer por supuesto delito de odio. El motivo alegado por los tribunales para justificar la desestimación del recurso es que la tauromaquia no figura entre los colectivos de riesgo recogidos en el Artículo 510 del Código Penal.
Estos son los hechos y este el comentario
Internet olvida pronto, pero lo guarda todo en la memoria. Hoy podemos saber quiénes fueron los colectivos más insultados ayer, antes de ayer o hace cuatro años. Qué insultos recibieron, y por quién. Sabemos que una jauría humana se lanzó contra el torero Víctor Barrio, fallecido durante la lidia de un toro en la plaza de toros de Teruel. El comportamiento de la jauría fue inaceptable y alguno de aquellos casos pudieron ser llevados a los tribunales.
Las redes sociales guardan memoria y a la vez anuncian lo que está por venir. Nadie lanza una marca sin consultar las redes; nadie prepara un nuevo producto o servicio sin prestar atención a lo que dicen las redes sociales, si gustará o no, si la novedad será bien recibida, o será despreciada en el mundo virtual. Y lo que vale para empresas o productos, vale para cualquier actividad o personas.
Las redes nos dicen qué palabras están de moda, cuáles en desuso; qué producto gusta más; cuál menos. Y las redes nos señalan también qué colectivos o personas sufren delitos de odio, cómo, cuándo, dónde, por qué, con qué palabras, sonidos, imágenes, memes o vídeos. A internet le cuesta mucho olvidar.
Y unos centenares o miles de entradas en tuiter o facebook o instagram -por citar algunas redes sociales- en forma de escritos, fotografías, memes o vídeos deben valer tanto para unos colectivos como para otros; que unos colectivos estén nominados en la ley como posibles receptores de insultos y manifestaciones de odio, no aplaca el odio en las redes. Al final que produce esa misma ley es discriminación, una prueba de que la justicia no es igual para todos.
Todos somos iguales ante la ley. Y la justicia dispone de medios para saber si un colectivo enorme como la tauromaquia como su público, o los toreros, recortadores o enanitos toreros reciben decenas de miles, centenares de miles de insultos y vejaciones por grupos minoritarios. Y siendo ello así, también la tauromaquia y sus actores deben estar amparados por la leyes.
Si un miembro de este colectivo es víctima de insultos, vejaciones, víctima de un delito de odio, la ley debe amparar a todos y a todos los colectivos, sin discriminación por sexo, raza, religión, ser del fútbol, de la ópera o de los toros.
Un juez ha absuelto a un militante del odio hacia un coletivo que había fijado su manía contra el torero Víctor Barrio fallecido en la plaza de toros de Teruel a la edad de 29 años (1987-2016).
Es esa absolución una discriminación inaceptable. Y más rechazable, como hemos visto, por cuanto la tecnología nos permite saber si un colectivo está siendo víctima de un delito de odio con pruebas tan claras como las que archiva día a día la memoria de internet.
Las nuevas tecnologías deben resultar iguales para todos los que las utilizan; las redes sociales deben permanecer ajenas a cualquier discriminación artificial fundamentada en "ideología" de temporada puesta de moda por grupos de presión o políticos de ocasión. Y la mejor fórmula de convivencia en el mundo virtual y en el mundo real, es que la ley sea igual para todas las personas.
Estos son los hechos y este el comentario
Internet olvida pronto, pero lo guarda todo en la memoria. Hoy podemos saber quiénes fueron los colectivos más insultados ayer, antes de ayer o hace cuatro años. Qué insultos recibieron, y por quién. Sabemos que una jauría humana se lanzó contra el torero Víctor Barrio, fallecido durante la lidia de un toro en la plaza de toros de Teruel. El comportamiento de la jauría fue inaceptable y alguno de aquellos casos pudieron ser llevados a los tribunales.
Las redes sociales guardan memoria y a la vez anuncian lo que está por venir. Nadie lanza una marca sin consultar las redes; nadie prepara un nuevo producto o servicio sin prestar atención a lo que dicen las redes sociales, si gustará o no, si la novedad será bien recibida, o será despreciada en el mundo virtual. Y lo que vale para empresas o productos, vale para cualquier actividad o personas.
Las redes nos dicen qué palabras están de moda, cuáles en desuso; qué producto gusta más; cuál menos. Y las redes nos señalan también qué colectivos o personas sufren delitos de odio, cómo, cuándo, dónde, por qué, con qué palabras, sonidos, imágenes, memes o vídeos. A internet le cuesta mucho olvidar.
Y unos centenares o miles de entradas en tuiter o facebook o instagram -por citar algunas redes sociales- en forma de escritos, fotografías, memes o vídeos deben valer tanto para unos colectivos como para otros; que unos colectivos estén nominados en la ley como posibles receptores de insultos y manifestaciones de odio, no aplaca el odio en las redes. Al final que produce esa misma ley es discriminación, una prueba de que la justicia no es igual para todos.
Todos somos iguales ante la ley. Y la justicia dispone de medios para saber si un colectivo enorme como la tauromaquia como su público, o los toreros, recortadores o enanitos toreros reciben decenas de miles, centenares de miles de insultos y vejaciones por grupos minoritarios. Y siendo ello así, también la tauromaquia y sus actores deben estar amparados por la leyes.
Si un miembro de este colectivo es víctima de insultos, vejaciones, víctima de un delito de odio, la ley debe amparar a todos y a todos los colectivos, sin discriminación por sexo, raza, religión, ser del fútbol, de la ópera o de los toros.
Un juez ha absuelto a un militante del odio hacia un coletivo que había fijado su manía contra el torero Víctor Barrio fallecido en la plaza de toros de Teruel a la edad de 29 años (1987-2016).
Es esa absolución una discriminación inaceptable. Y más rechazable, como hemos visto, por cuanto la tecnología nos permite saber si un colectivo está siendo víctima de un delito de odio con pruebas tan claras como las que archiva día a día la memoria de internet.
Las nuevas tecnologías deben resultar iguales para todos los que las utilizan; las redes sociales deben permanecer ajenas a cualquier discriminación artificial fundamentada en "ideología" de temporada puesta de moda por grupos de presión o políticos de ocasión. Y la mejor fórmula de convivencia en el mundo virtual y en el mundo real, es que la ley sea igual para todas las personas.