Hombre blanco hablar con lengua de serpiente. Hombre naranja, también.
A mí no me engaña ese hombre blanco con pelo de zanahoria, que habla de paz con una mano y con la otra mide el tamaño del garrote. Dice querer un Mundial tranquilo, sin ruido ni sobresaltos, y yo le creo… pero solo en eso.
Porque nadie prepara una fiesta grande mientras incendia la casa de al lado. No va a invadir Cuba mientras bombardea Irán hasta doblar la última bicicleta con un cohete. No va a enseñar todos los dientes a la vez. El cazador viejo sabe que primero se cerca la presa y luego se aprieta el lazo.
Y mientras tanto, bajo mano y soto voce, seguirá dando a Ucrania lo justo: ni para vencer, ni para caer; lo bastante para desgastar la carne, el hierro, la bolsa y hasta los cimientos de la Madre Rusia. Que la guerra larga es molino que muele despacio, pero muele.
Quedan por contar Venezuela, Cuba y Nicaragua, piezas aún sobre el tablero, esperando su turno o su indulto. Pero eso será después. Ahora toca Mundial, cámaras, banderas y sonrisas. Porque hasta la zorra se echa al suelo cuando quiere que el gallinero duerma tranquilo.
Así que estamos, con el Mundial cerrado, haciendo arqueo de caja y alardeando de los beneficios nunca antes obtenidos del evento. ¿Y el garrote? El garrote para Irán hasta quebrar la capacidad iraní de hacer daño a los vecinos. Y con el brazo dispuesto para agarrar por el cuello al gobierno de Cuba, antes de entrar en minucias como Nicaragua y las muchas organizaciones "comunistas" que aún siguen activas pero con unas finanzas ínfimas.
Hombre blanco hablar con lengua de serpiente. Hombre naranja, también.
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Smith Riau
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