Claude Lanzmann y Simone de Beauvoir: verano español con historia de amor y toros

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Claude Lanzmann y Simone de Beauvoir: verano español con historia de amor y toros

Mensaje por EstoEsElPueblo » Mié Nov 26, 2025 11:51 pm

Claude Lanzmann y Simone de Beauvoir: verano español con historia de amor y toros

Claude Lanzmann conoció los toros gracias a Simone de Beauvoir, con quien mantuvo una relación intensa durante los años cincuenta. Ella, aficionada profunda a la tauromaquia, lo llevó a descubrir la corrida como un arte moral y un territorio de verdad. Desde el inicio, la vida de ambos entrelazó amor, pensamiento y una curiosidad casi ritual por el mundo taurino.

Lanzmann fue además periodista, resistente, cineasta y autor de Shoah, obra mayor del documental del siglo XX. Su carácter, marcado por la exposición frontal a la realidad, encontró en la plaza un espejo inesperado que influyó en su manera de filmar y de mirar el mundo.

Simone de Beauvoir (1908-1986) fue una de las grandes intelectuales francesas del siglo XX, filósofa existencialista, novelista, memorialista y figura decisiva del feminismo contemporáneo. Autora de El segundo sexo, obra que transformó el pensamiento europeo, desarrolló una vida intelectual intensa junto a Jean-Paul Sartre y una producción literaria que combinó ensayo, novela y autobiografía con una mirada aguda sobre la libertad, la responsabilidad y la condición humana. Sus viajes, crónicas y reflexiones políticas la convirtieron en una observadora privilegiada de su tiempo, atenta tanto a las tensiones ideológicas de la posguerra como a las culturas que descubría en sus desplazamientos por Europa, Estados Unidos y Asia.

A partir de esa trayectoria, resulta natural entender su fascinación por la tauromaquia, que Beauvoir interpretó como un rito de verdad y lucidez donde el ser humano se enfrenta a su destino sin máscaras. Esa mirada —mezcla de análisis filosófico y sensibilidad estética— fue precisamente la que transmitió a Claude Lanzmann, con quien compartió viajes, discusiones morales y una forma radical de estar en el mundo. Su relación, marcada por la libertad y la intensidad intelectual, creó el marco perfecto para que el verano taurino de 1955 se convirtiera en uno de los episodios formativos más poderosos en la biografía del cineasta.

El acercamiento de Lanzmann a la tauromaquia nace de Beauvoir, no de una tradición previa.
Ella lo introdujo con paciencia en los códigos de la lidia: el ritmo, la espera, la gravedad, el sitio exacto donde la verdad sucede.

Beauvoir había pasado de espectadora curiosa a aficionada verdadera, como narró en sus memorias.
Para ella, la corrida era un lugar donde el ser humano se mide consigo mismo, sin excusas ni artificios.

En 1955 propuso a Lanzmann un viaje que marcó su vida: un recorrido por España siguiendo la temporada taurina.
No se trataba de turismo, sino de una búsqueda moral y estética.

Viajaron por Salamanca, Toledo y Madrid, atentos al duelo entre Litri y Julio Aparicio, que dominaba ese verano.
En cada plaza compraban un cartel, a veces firmado por artistas locales, que luego colgaban en su piso parisino.

La España que encontraron era pobre y dura, pero en la plaza vibraba una sinceridad que Lanzmann no veía en otros ámbitos.
Ese contraste lo marcó profundamente.

En la arena descubrió algo que reconoció después como una revelación: el tiempo real, la verdad desnuda, la imposibilidad de mentir.
Ese aprendizaje se convirtió en uno de los fundamentos de su ética cinematográfica.

El documentalista comprende que, como el torero, debe aguantar la mirada.
No cortar, no suavizar, no falsificar lo que está vivo.

Años más tarde, cuando Cataluña prohibió las corridas, Lanzmann criticó la decisión con dureza.
No hablaba desde un capricho: defendía una experiencia que había transformado su relación con la realidad.

España quedó unida en su memoria a Beauvoir, a aquel verano y a la sensación de haber cruzado un umbral.
Para él, la tauromaquia fue una pedagogía sentimental y moral.

En sus memorias afirmó que su obra era «un acto de vida contra la muerte».
Esa frase, tan presente en Shoah, también define lo que vio en la plaza junto a Beauvoir.

El gesto del torero y la cámara del cineasta comparten una misma exigencia: exponerse sin atajos.
Esa revelación acompañó a Lanzmann hasta el final.

Su legado, visto desde este ángulo, no sólo pertenece al cine y la memoria histórica.
Incluye también la huella íntima de una temporada española que transformó su manera de ver el mundo.

Una temporada que Beauvoir, el amor y los toros hicieron inolvidable.
Un foro :idea: es mejor que twitter, mejor que facebook, mejor que instagram... ¿por qué? Este foro es taurino; las redes sociales son antis :evil: .


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