Carlos Velo Cobelas: Del rural gallego al corazón del cine mexicano
Carlos Velo Cobelas nació el 15 de noviembre de 1909 en Pereiros, una aldea del municipio de Cartelle, en la provincia de Ourense. Era hijo del médico rural José Velo Castro y de Dolores Cobelas Alberte, y se crió en un ambiente donde la educación pesaba tanto como la tradición familiar. Su padre, atento a su formación, lo envió a Orense para estudiar el bachillerato y el magisterio, una etapa decisiva en la que el joven Velo entró en contacto con el galleguismo de la mano del intelectual Vicente Risco, con quien forjó una amistad temprana. Allí afloraron dos intereses que marcarían su vida: la biología —la fascinación por el mundo natural— y el cine, un territorio nuevo que lo atrapó desde el principio.
A instancias de su familia se trasladó a Madrid para estudiar Medicina, aunque pronto descubrió que su camino estaba en otra parte. Optó por Ciencias Naturales y obtuvo la licenciatura en Biología en 1932. Bajo la guía del profesor Cándido Bolívar Pieltain, se convirtió en ayudante de cátedra de entomología en la Universidad Central, donde impartió clases entre 1933 y 1935. Parecía destinado a una carrera académica sólida —su tesis sobre insectos así lo auguraba—, pero el cine se cruzó en su camino con una mezcla de azar y vocación.
La vida de un gallego que convirtió el exilio en una escuela de cine
En 1929, mientras preparaba material biológico, proporcionó hormigas rojas a Luis Buñuel para la célebre escena de Un perro andaluz. Ese gesto lo acercó al mundo de la vanguardia y a la Residencia de Estudiantes, donde descubrió a Flaherty, Eisenstein y Vertov. Su entusiasmo lo llevó a fundar en 1933 el Cineclub de la Federación Universitaria Escolar. Poco después dirigió Almadrabas (1934), una pieza de mirada etnográfica sobre la pesca del atún en Cádiz. Siguieron Infinitos (1935), centrada en la vida campesina gallega, y Felipe II y El Escorial (1935), premiada en la Exposición Internacional de París de 1937.
La Guerra Civil truncó su trayectoria incipiente. Tras pasar por Segovia, se unió al bando republicano y rodó Yerbabuena (1937) en Marruecos, un documental en plena lucha antifascista. Derrotada la República, fue internado en el campo de concentración de Saint-Cyprien-Josafat. En 1939 embarcó en el Sinaia rumbo al exilio mexicano, donde convivió con intelectuales como David Alfaro Siqueiros. Se nacionalizó mexicano en 1944 y retomó su vocación doble: enseñó biología en el Instituto Politécnico Nacional y colaboró en revistas como España Peregrina y Saudade. En 1953 impulsó el Patronato de la Cultura Gallega para mantener viva su herencia.
Carlos Velo, caricatura
De la entomología a la pantalla: la evolución de un creador singular
Dentro de ese itinerario, la tauromaquia ocupa un espacio singular. Su obra cumbre, Torero! (1956), no funciona como un documento sobre faenas heroicas, sino como una exploración delicada del alma del matador. En ella Velo encontró un terreno perfecto para desplegar un lenguaje cinematográfico propio: silencios que pesan, encuadres que aprietan, un montaje que respira al mismo ritmo que el protagonista. Nada resulta casual en esa forma de mirar. Basada en la vida del torero mexicano Luis Procuna, la película sigue su rastro desde la infancia en los mercados de tacos hasta los primeros éxitos, incluyendo su formación en Nonoalco y la Plaza México. Velo captura los gestos mínimos, los miedos que anteceden al paseíllo, el eco aún vivo de la muerte de Manolete en 1947.
Rodada en blanco y negro y con imágenes reales de corridas en Madrid y México, Torero! se interna en el territorio emocional donde valentía y pánico se confunden. Procuna aparece como un hombre vulnerable, que tras una cornada grave intenta rehacer su vida entre los afectos cotidianos, solo para ser empujado de nuevo al ruedo por la presión pública. Su retorno triunfal, llevado en hombros hasta su casa, funciona como un cierre aparente que deja abierta una pregunta más profunda: ¿puede un torero escapar alguna vez del miedo a la próxima tarde? En ese vaivén, Velo transforma la lidia en un símbolo de alcance universal: una metáfora sobre el destino, la presión social y el precio íntimo del arte.
Carlos Velo con García Márquez
Un documentalista que entendió la tauromaquia desde dentro
Su afinidad con la tauromaquia tiene raíces hondas. Llevaba en la memoria la España donde el toreo formaba parte del paisaje cultural, y halló en México —un país donde la fiesta brava posee un carácter popular y casi místico— un escenario ideal para profundizar en esa tradición. El resultado es una obra que une dos sensibilidades y dos mundos taurinos, y que le permitió filmar desde un lugar privilegiado entre la emoción, la antropología y la mirada artística.
Carlos Velo Gobelas Homenaje
El autor que transformó la vida de Luis Procuna en un retrato universal
Estrenada el 9 de mayo de 1957 en el Cine Chapultepec, Torero! obtuvo una mención especial en Venecia y fue preseleccionada para el Óscar al mejor documental. La crítica ha destacado siempre su desnudez emocional, lejos de la glorificación fácil, y su capacidad para exponer los dilemas morales del matador. El propio Velo dedicó años a esta obra, incluso enfrentándose a litigios por derechos impagados a Procuna. La película, con su trasfondo biológico y su lectura del toreo como ecosistema de instintos, terminó influyendo en cineastas posteriores interesados en el alma del hombre frente al toro.
Carlos Velo Película Torero
Biografía de un cineasta que unió Galicia, México y la plaza
Su carrera mexicana fue mucho más amplia. Ganó un Ariel como coguionista de Entre hermanos (1945) y dirigió el Noticiero Mexicano EMA entre 1946 y 1953. Realizó documentales como México eterno e Historia de México, colaboró con Buñuel en Nazarín (1958) y con Bardem en Sonatas (1959), y llevó a la pantalla Pedro Páramo en 1967. En 1975 asumió la dirección del Centro de Capacitación Cinematográfica, donde formó a nuevas generaciones de cineastas. Nunca se desligó de Galicia: dirigió la revista Vieiros entre 1959 y 1968 y mantuvo un papel activo en la difusión cultural del exilio. En 1983 recibió el Premio Maestro Mateo por el conjunto de su obra.
Carlos Velo Torero
Carlos Velo Cobelas murió en Ciudad de México el 1 de marzo de 1988. Dejó más de cincuenta obras que entrelazan ciencia, arte y memoria. Su vida, desde el rural ourensano hasta las plazas mexicanas, fue una suma de exilios y hallazgos marcada por una convicción: la cámara sirve para acercarse, sin artificio, a la esencia humana.
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Carlos Velo Cobelas: Del rural gallego al corazón del cine mexicano
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Re: Carlos Velo Cobelas: Del rural gallego al corazón del cine mexicano
Gracias a los toros Carlos Velo es mucho más conocido.
Re: Carlos Velo Cobelas: Del rural gallego al corazón del cine mexicano
Hay que conocer cosas del cine de México, empezando por Velo de Cobelas, o Carlos Velo, como se le nombra habitualmente, gallego de origen.
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