«Mingote: No aprecio la belleza de la fiesta, pero la respeto»
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- Registrado: Jue Ene 24, 2019 1:50 am
«Mingote: No aprecio la belleza de la fiesta, pero la respeto»
«Mingote: No aprecio la belleza de la fiesta, pero la respeto»
Antonio Mingote, humorista y escritor
«No soy antitaurino, admiro a los toreros que se ganan la vida jugándosela en los ruedos; son asombrosos. No aprecio la belleza de la fiesta, pero la respeto»
La postura de Mingote ante la fiesta taurina es un ejercicio de nobleza intelectual y una lección de civismo. En su afirmación se percibe una deliberada separación entre el aprecio estético o emocional y el reconocimiento del valor ajeno. Él no sentía la emoción de la lidia, no hallaba en ella belleza, y sin embargo, su juicio se detenía ahí. No daba el salto, tan común en otros debates, hacia la descalificación o la imposición de su propia sensibilidad.
La mirada de Mingote se posaba primero en el esfuerzo humano, en el valor temerario de quienes se enfrentan al riesgo supremo, y de ese reconocimiento nacía un respeto activo y sereno. Este respeto, tal como lo formula, es un valor superior porque trasciende el mero acuerdo o la simpatía personal. Se fundamenta en la capacidad de ver, tras la práctica o la tradición que no se comparte, la dignidad, el coraje y la dedicación de las personas implicadas.
El respeto que propone Mingote es un acto de justicia hacia el prójimo, un pacto tácito de no reducir lo complejo a una caricatura, de no permitir que la propia indiferencia o incomprensión se conviertan en desdén. Mingote nos muestra que se puede, con total integridad, permanecer al margen de una pasión colectiva sin por ello erosionar el tejido social que la sustenta. Finalmente, su actitud invita a una reflexión sobre la convivencia en sociedades plurales.
El respeto genuino, como el que Antonio Mingote exhibe, no es un barniz de corrección política, sino un principio profundo de humildad intelectual. Consiste en conceder que el otro tiene razones y sentimientos legítimos, aunque estos nos resulten ajenos. Es la base para un diálogo social en el que las diferencias no se anulan, sino que se acogen como parte de un patrimonio humano diverso.
Mingote, con su trazo preciso y su pensamiento claro, nos lega así una guía: la de honrar, por encima de todo, la libertad y el esfuerzo ajeno, aún desde la más sincera de las distancias.
«No soy antitaurino, admiro a los toreros que se ganan la vida jugándosela en los ruedos; son asombrosos. No aprecio la belleza de la fiesta, pero la respeto»
La postura de Mingote ante la fiesta taurina es un ejercicio de nobleza intelectual y una lección de civismo. En su afirmación se percibe una deliberada separación entre el aprecio estético o emocional y el reconocimiento del valor ajeno. Él no sentía la emoción de la lidia, no hallaba en ella belleza, y sin embargo, su juicio se detenía ahí. No daba el salto, tan común en otros debates, hacia la descalificación o la imposición de su propia sensibilidad.
La mirada de Mingote se posaba primero en el esfuerzo humano, en el valor temerario de quienes se enfrentan al riesgo supremo, y de ese reconocimiento nacía un respeto activo y sereno. Este respeto, tal como lo formula, es un valor superior porque trasciende el mero acuerdo o la simpatía personal. Se fundamenta en la capacidad de ver, tras la práctica o la tradición que no se comparte, la dignidad, el coraje y la dedicación de las personas implicadas.
El respeto que propone Mingote es un acto de justicia hacia el prójimo, un pacto tácito de no reducir lo complejo a una caricatura, de no permitir que la propia indiferencia o incomprensión se conviertan en desdén. Mingote nos muestra que se puede, con total integridad, permanecer al margen de una pasión colectiva sin por ello erosionar el tejido social que la sustenta. Finalmente, su actitud invita a una reflexión sobre la convivencia en sociedades plurales.
El respeto genuino, como el que Antonio Mingote exhibe, no es un barniz de corrección política, sino un principio profundo de humildad intelectual. Consiste en conceder que el otro tiene razones y sentimientos legítimos, aunque estos nos resulten ajenos. Es la base para un diálogo social en el que las diferencias no se anulan, sino que se acogen como parte de un patrimonio humano diverso.
Mingote, con su trazo preciso y su pensamiento claro, nos lega así una guía: la de honrar, por encima de todo, la libertad y el esfuerzo ajeno, aún desde la más sincera de las distancias.
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es mejor que twitter, mejor que facebook, mejor que instagram... ¿por qué? Este foro es taurino; las redes sociales son antis
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Re: «Mingote: No aprecio la belleza de la fiesta, pero la respeto»
Lo de Mingote es educación cívica pura. No le gustaban los toros y punto. Sin cruzadas morales ni superioridad ética. Algo tan básico que hoy parece una rareza casi subversiva.
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PrimerEspada
- Mensajes: 64
- Registrado: Dom Nov 27, 2022 7:44 pm
Re: «Mingote: No aprecio la belleza de la fiesta, pero la respeto»
Admirar el valor sin compartir la emoción es una forma alta de inteligencia. Mingote entendió antes que muchos que el respeto no exige entusiasmo, solo decencia y una mínima comprensión del esfuerzo ajeno.
Re: «Mingote: No aprecio la belleza de la fiesta, pero la respeto»
El respeto que describe Mingote no es neutralidad tibia, es una toma de partido por la convivencia. Algo que muchos antitaurinos predican mucho y practican poco.
Re: «Mingote: No aprecio la belleza de la fiesta, pero la respeto»
Mingote demuestra que se puede disentir sin destruir. Parece simple, pero requiere más cabeza y más corazón que cualquier eslogan pintado en una pancarta.
Re: «Mingote: No aprecio la belleza de la fiesta, pero la respeto»
Cuando alguien reconoce el valor del torero sin sentir la fiesta, deja claro que el problema no es el gusto, sino la incapacidad de aceptar que otros vivan distinto.
Re: «Mingote: No aprecio la belleza de la fiesta, pero la respeto»
Mingote no necesitó afiliarse a nada para ser respetable. Hoy algunos necesitan prohibir lo que no entienden para sentirse moralmente superiores. Esa diferencia lo dice todo.
Re: «Mingote: No aprecio la belleza de la fiesta, pero la respeto»
Hay más humanidad en una frase de Mingote que en cien discursos animalistas llenos de indignación selectiva. Respeto sin aplauso, pero también sin desprecio.
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