Carlos Vázquez Úbeda: un pintor entre tradición y vanguardia

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Carlos Vázquez Úbeda: un pintor entre tradición y vanguardia

Mensaje por EstoEsElPueblo » Mar Dic 30, 2025 5:19 pm

Carlos Vázquez Úbeda: un pintor entre tradición y vanguardia

Carlos Vázquez Úbeda, nacido el 31 de diciembre de 1869 en Ciudad Real, en el seno de una familia marcada por la tradición carlista de su padre, Antonio Zoilo Vázquez Marjaliza, notario de profesión, y la influencia artística de su madre, Matilde Úbeda, quien le impartió las primeras lecciones de dibujo, se convirtió en uno de los pintores españoles más destacados del tránsito entre el siglo XIX y XX.

Desde su infancia en la Mancha, específicamente en la calle Cuchillería de Ciudad Real (hoy rebautizada en su honor), Carlos Vázquez mostró una inclinación por el arte que lo llevó, en 1886, a ingresar en la Escuela Especial de Pintura de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en Madrid. Allí fue discípulo del renombrado paisajista Carlos de Haes, cuya enseñanza en el realismo y el paisaje influyó profundamente en su estilo inicial.
Mujeres a la grupa, Vázquez Úbeda
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Sus viajes formativos por Valencia, Sevilla y Galicia ampliaron su visión del costumbrismo español, y gracias a una pensión de la Diputación de Ciudad Real, pudo extender sus estudios a Francia e Italia. En París, Vázquez Úbeda se instaló temporalmente y trabajó en el taller del académico Léon Bonnat, maestro de retratos que pulió su técnica en la captación de la psicología humana. Esta etapa parisina lo conectó con la vanguardia europea, aunque Vázquez Úbeda mantuvo un enfoque figurativo y realista, alejado de las rupturas de vanguardia.

En 1896, acompañó al ilustrador Daniel Urrabieta Vierge en un viaje por La Mancha para documentar escenas quijotescas, un proyecto que enriqueció su sensibilidad por los tipos populares y el paisaje rural. Posteriormente, en Venecia, realizó retratos para la familia carlista de Don Carlos de Borbón, incluyendo a su esposa Berta y su hijo Jaime, lo que le valió el título de pintor de cámara. Este encargo no solo consolidó su reputación entre la aristocracia, sino que también le abrió puertas en círculos conservadores.
Vazquez Úbeda Mossos detienen a una pareja
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En 1898, se estableció definitivamente en Barcelona, ciudad que se convirtió en su epicentro creativo y donde frecuentó la cervecería modernista Els Quatre Gats, punto de encuentro de intelectuales y artistas como Ramón Casas, Santiago Rusiñol y un joven Pablo Ruiz Picasso. En este ambiente catalán, Vázquez Úbeda se impregnó de influencias modernistas, aunque su obra siguió anclada en el realismo costumbrista.

El 4 de noviembre de 1901, contrajo matrimonio con Matilde Garriga Coronas, de una familia burguesa barcelonesa, con Joaquín Sorolla como padrino de boda, quien le obsequió un retrato ahora en el Museo Provincial de Ciudad Real. Esta unión no solo estabilizó su vida personal, sino que también integró modelos femeninos de su entorno en obras como el cartel de la Sala Parés, donde posaron su esposa y la hija de su amigo Perico Ribera.
Currita de Vázquez Úbeda
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Como ilustrador y cartelista, Vázquez Úbeda colaboró en publicaciones de renombre como Blanco y Negro, Pel & Ploma, Hispania, La Ilustración Artística y La Esfera, donde su dibujo preciso y su manejo del color sobrio capturaron escenas cotidianas y tipos populares. Diseñó portadas memorables, como la de Perico de los Palotes para la revista de Els Quatre Gats, y carteles publicitarios que lo posicionaron como pionero en la gráfica moderna española, junto a figuras como Adrià Gual.

Su trayectoria expositiva fue prolífica: participó en las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes de Madrid, obteniendo medallas en 1892 por Recuerdos de Amor, en 1899, 1901 y más allá. En el Salón de París, brilló con obras como La fille prodigue (1895) y Luna de miel en el valle de Ansó (1913, Medalla de Oro, adquirida por Archer Milton Huntington para la Hispanic Society de Nueva York).

Otras distinciones incluyen la Medalla de Oro en la Exposición Internacional de San Francisco (1915) por A la feria de Salamanca, y condecoraciones como Caballero de la Orden de Alfonso XII (1906), Caballero de la Legión de Honor francesa (1929) y el Águila Roja de Alemania (1912). En 1914, asumió la presidencia del Real Círculo Artístico de Barcelona, y en 1926 retrató a Alfonso XIII en el Palacio Real. Para la Exposición Universal de Barcelona de 1929, creó dioramas del Quijote, y en 1940 pintó el ábside de la capilla de la clínica de Ignacio Barraquer.

Durante la Guerra Civil Española (1936-1939), su estudio en Barcelona fue saqueado, lo que lo obligó a exiliarse con su familia a Villefranche-sur-Mer en Francia en enero de 1937. Regresó a España en 1938, residiendo temporalmente en San Sebastián y Sevilla, antes de volver a Barcelona al fin de la contienda. En estos años turbulentos, retrató a figuras como el general Gonzalo Queipo de Llano y continuó exponiendo en París, Oslo y Caracas.
La garrochista Vázquez Úbeda
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En 1944, fue nombrado miembro numerario de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, a propuesta de Marceliano Santa María, Enrique Martínez Cubells y Eduardo Chicharro. Ese mismo año, las Salas Fayans le rindieron homenaje con una exposición. Falleció el 31 de agosto de 1944 en su estudio de Barcelona, víctima de un fallo cardiovascular mientras pintaba El Cristo de Lepanto y Don Juan de Austria, dejando un legado que incluye obras en museos como el Prado (El torero herido), el MNAC (Retrato de la señora de Rincón), el Museo de Jaén y la Hispanic Society. Su archivo fotográfico y objetos personales se conservan en el Museo del Quijote de Ciudad Real, y en su ciudad natal, un colegio y una calle llevan su nombre.

La temática taurina ocupa un lugar destacado en la obra de Carlos Vázquez Úbeda, reflejando su profundo arraigo en las tradiciones españolas y su maestría en capturar la dramaticidad humana y el colorido ritual de la lidia. Influenciado por sus viajes a regiones como Extremadura, Salamanca y Andalucía, donde el toreo era parte integral del paisaje cultural, Vázquez Úbeda abordó este género con un enfoque realista y costumbrista, evitando el efectismo para centrarse en la atmósfera y la psicología de los personajes.

Su obra más emblemática en este ámbito es El torero herido (1909, aunque a menudo datada en 1910), un óleo sobre lienzo de 210 x 145 cm conservado en el Museo Nacional del Prado, que le valió la primera medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes de Madrid.

En esta pieza, representa el momento crítico en que un matador es atendido tras una cogida, destacando la vulnerabilidad del héroe taurino con un realismo conmovedor, un dibujo firme y una iluminación que enfatiza el pathos trágico y la dignidad humana. Esta pintura no solo demuestra su formación academicista bajo Carlos de Haes y Léon Bonnat, sino que también conecta con la tradición pictórica española de artistas como Ignacio Zuloaga o Roberto Domingo, aunque con una pincelada más contenida y serena.
El torero herido de Vázquez Úbeda
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Otra obra taurina notable es Antes de la corrida de toros (1914), presentada en el Salón de París, que captura los instantes previos a la lidia, con un énfasis en el ritual, la expectación y los detalles del entorno, como los trajes de luces y la plaza vibrante.

Vázquez Úbeda, nacido en la Mancha pero afincado en Barcelona, integró elementos andaluces y manchegos en estas escenas, dignificando la figura del torero como icono cultural. Aunque su producción taurina no fue tan extensa como su costumbrista general, incluye retratos como el de "Machaquito" donde resalta la textura de los tejidos y la gallardía del diestro.

Estas obras, expuestas en salones internacionales, contribuyeron a la fascinación europea por lo español, y hoy representan un testimonio valioso de la estética taurina a caballo entre el siglo XIX y XX, enlazando tradición académica con sensibilidad moderna. Su interés por el toreo se alinea con encargos como retratos de Raquel Meller en contextos festivos, mostrando cómo la tauromaquia permeaba su visión de la identidad nacional.
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