La esqueletomaquia: arte, locura y toros en Carlos González Ragel
Carlos González Ragel (Jerez de la Frontera, 22 de diciembre de 1899 – Ciempozuelos, 28 de noviembre de 1969) fue uno de los artistas más singulares del arte español del siglo XX. Pintor, fotógrafo, grabador y diseñador, su figura quedó marcada por la invención de un lenguaje propio: la esqueletomaquia.
Nació en una familia de clase media jerezana profundamente vinculada a la imagen. Su padre, Diego González Lozano, era un reconocido fotógrafo, y desde niño aprendió en el estudio familiar los secretos de la luz, el encuadre y el laboratorio.
El Loco del Estrecho de Carlos González Ragel a Franco
La muerte prematura de su madre cuando apenas contaba nueve años dejó una huella profunda en su carácter. Desde muy joven mostró una personalidad rebelde y poco acomodaticia, lo que le valió la expulsión del colegio de los marianistas de Jerez.
En 1915, con solo dieciséis años, se trasladó a Madrid junto a su hermano Diego González Ragel. Allí entró en contacto con la bohemia artística y literaria, un ambiente que alimentó su creatividad, pero también sus excesos.
Bodega Esqueletomaquia
Se matriculó en la Escuela de Artes y Oficios, aunque nunca llegó a finalizar los estudios. Su estilo chocaba frontalmente con el academicismo dominante, y Ragel prefirió siempre la intuición al reglamento.
Tras la muerte de su padre en 1922 regresó a Jerez. Junto a su hermano Javier González Ragel se hizo cargo del estudio fotográfico familiar, que transformó en un espacio de experimentación artística y de notable éxito profesional.
Cabaret Rip Carlos González Ragel
Durante los años veinte y treinta alternó la fotografía comercial con una intensa actividad pictórica. Diseñó etiquetas para bodegas, carteles publicitarios y retratos, convirtiéndose en una figura conocida en la vida cultural jerezana.
En ese contexto nació su aportación más radical: la Esqueletomaquia, definida por él como el arte de ver más allá de lo visible. Representaba a personas vivas como esqueletos, conservando gesto, carácter y movimiento.
La frase «la carne nos distingue, pero los huesos nos igualan» resume su pensamiento. En sus obras convivían la sátira, el humor negro y un profundo sentido de igualdad ante la muerte.
Carlos González Ragel Bodegas carteleria
Sus temas fueron amplios: Don Quijote, Goya, escenas religiosas, tipos populares andaluces, políticos, artistas y deportistas. Todo su tiempo histórico pasó por el tamiz de los huesos.
El gran momento de reconocimiento llegó en 1931 con su exposición en el Museo de Arte Moderno de Madrid. La crítica fue entusiasta y su nombre comenzó a circular con fuerza en los ambientes culturales.
Carlos González Ragel Carga de Don Quijote
A esa muestra le siguieron exposiciones en Jerez, Sevilla —incluso en plena Guerra Civil— y Madrid. En total realizó al menos seis exposiciones en vida, siempre con una fuerte personalidad artística.
Sin embargo, su trayectoria estuvo marcada por una creciente inestabilidad. El alcoholismo crónico y un trastorno diagnosticado como psicosis maníaco-depresiva afectaron gravemente a su vida personal y profesional.
Pasó temporadas internado en hospitales psiquiátricos de Málaga y Sevilla. De regreso a Jerez vivió en una casa que bautizó como Villa Esqueletomaquia, convertida en refugio creativo y foco bohemio.
Carlos González Ragel Don Quijote
En 1956, con 57 años, ingresó definitivamente en el Sanatorio Psiquiátrico de los Hermanos de San Juan de Dios de Ciempozuelos. Allí encontró, paradójicamente, una estabilidad que había perdido fuera.
Durante esos años finales continuó dibujando y pintando de manera prolífica. Era conocido como “Don Carlos” y respetado tanto por pacientes como por personal sanitario.
Falleció en 1969 por insuficiencia cardíaca y tuberculosis pulmonar. Su obra quedó durante décadas en un segundo plano, hasta su progresiva recuperación crítica.
Carlos González Ragel El coloso de Triana
En los últimos años ha sido objeto de exposiciones, estudios académicos y donaciones a instituciones como el Museo Reina Sofía, que han devuelto a Ragel al lugar que le corresponde.
Carlos González Ragel y la tauromaquia
Carlos González Ragel El plantao
La tauromaquia ocupó un lugar central en su imaginario. Como jerezano, conocía íntimamente el mundo del toro, y supo integrarlo en su universo artístico sin idealización ni folclore.
Carlos González Ragel La Carioca
Sus obras taurinas forman parte de la esqueletomaquia: toreros, picadores y toros aparecen reducidos a huesos, pero cargados de movimiento, tensión y dramatismo.
Carlos González Ragel Ricardo Zamora
Retrató a figuras como Juan Belmonte, Cagancho o Nicanor Villalta, captando su personalidad más allá del traje de luces. En el esqueleto, Ragel veía la verdad del torero.
También abordó escenas completas: el paseíllo, la suerte de varas, el descanso del picador, el toro y el hombre enfrentados en igualdad final ante la muerte.
Esqueletomaquia Un bar de Madrid
En estas imágenes la tauromaquia aparece como danza ritual, como combate esencial y como metáfora existencial, en plena sintonía con la tradición española del memento mori.
Álvaro Domecq y Díez, esqueletomaquia
Su aportación al arte taurino es única: no pintó la carne ni el brillo, sino la estructura profunda del toreo, allí donde gesto, valor y destino se confunden.
La esqueletomaquia: arte, locura y toros en Carlos González Ragel
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La esqueletomaquia: arte, locura y toros en Carlos González Ragel
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Re: La esqueletomaquia: arte, locura y toros en Carlos González Ragel
Y el vivo al bollo expresado con arte. ahí va!
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