Castilla, Asturias y el ruedo: la vida intensa de Álvaro Delgado Ramos

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Castilla, Asturias y el ruedo: la vida intensa de Álvaro Delgado Ramos

Mensaje por EstoEsElPueblo » Sab Ene 03, 2026 6:57 pm

Castilla, Asturias y el ruedo: la vida intensa de Álvaro Delgado Ramos (1922–2016)

Nacimiento, Madrid y primera vocación
Álvaro Delgado Ramos nació en Madrid el 19 de junio de 1922 y murió en la misma ciudad el 3 de enero de 2016. Su biografía arranca en un Madrid de calles vividas —la memoria lo sitúa en la calle de la Esperanza, cerca de Antón Martín y Lavapiés— y se despliega como un pulso sostenido contra la anestesia: pintar, dibujar, retratar, insistir. Desde muy joven se formó en la Escuela de Artes y Oficios, donde obtuvo un Premio extraordinario en dibujo de estatua, y prosiguió en la Escuela Superior de Bellas Artes de Madrid. Esa doble vía —oficio y ambición— lo acompañará siempre: un pintor que no renuncia a la emoción, pero tampoco a la arquitectura secreta del cuadro.
Álvaro Delgado Ramos, Liebre
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Vázquez Díaz, Vallecas y una manera de mirar España
Entre 1937 y 1939 asistió a los cursos libres de Daniel Vázquez Díaz, maestro decisivo en el rigor constructivo y en la apertura hacia las corrientes parisinas. Aquel aprendizaje dejó huella: en los inicios de Delgado asoma un cubismo asimilado con cabeza española, más estructural que decorativo, y ya aparece su querencia por la figura humana como campo de batalla. Tras la guerra entró en el clima de la segunda Escuela de Vallecas, en torno a la estela de Benjamín Palencia y el espíritu de una pintura que buscaba leer la meseta como un destino, no como un fondo. En ese ambiente coincidió con nombres como Francisco San José, Carlos Pascual de Lara o Gregorio del Olmo, y esa afinidad lo acercaría después a la llamada Escuela de Madrid.
Álvaro Delgado, SM la Reina Sofía
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París: Rue Mazarine y la modernidad sin renunciar a la raíz
En 1949 obtuvo una beca del Gobierno francés y marchó a París. Vivió en la Rue Mazarine, en Saint-Germain, y compartió estudio con el pintor Marcel Bouissou. Allí, Delgado se dejó “conquistar” por Picasso y afianzó su admiración por Braque, pero también por Georges Rouault, André Derain y Paul Cézanne. La paradoja fecunda es que el París de vanguardia no lo disolvió: lo tensó. Volvió a mirar con más hambre a El Greco —a quien consideró una influencia mayor—, y estudió con detenimiento a Velázquez, Zurbarán y Goya. Esa mezcla explica su sello: una modernidad moderada, personal, que no pide permiso ni sigue consignas.
Álvaro Delgado Ramos Poema del toreo
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Exposiciones, proyección internacional y premios
Desde 1945, cuando celebró su primera individual en la Galería Clan de Madrid, la carrera de Delgado fue creciendo como una ola larga. Participó en bienales y certámenes de primer nivel: Venecia (seleccionado en 1950 y de nuevo en 1964), La Habana (bienal de 1954), Alejandría (1955) o São Paulo (1959 y 1963). Su nombre se vio en capitales europeas y americanas y llegó a sumar más de un centenar de exposiciones individuales en ciudades como Buenos Aires, Nueva York, Montevideo, París, Londres o Roma. Ese circuito internacional no fue un escaparate vacío: fue la confirmación de una pintura con nervio, legible fuera de España sin perder su acento.
Álvaro Delgado Ramos Animales para matar
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Alejandría 1955: un hito que lo consagra
En 1955 obtuvo el Gran premio de pintura en la Bienal del Mediterráneo de Alejandría por el cuadro Bodegón (Taberne), en un contexto donde resonaban nombres de primera fila internacional. Ese premio funciona como una bisagra: Delgado deja de ser “promesa sólida” para convertirse en una realidad reconocida fuera de casa. A comienzos de los sesenta sumó el Gran premio y medalla de oro del concurso de la Diputación de Alicante, la Primera medalla de dibujo en la Exposición Nacional de Bellas Artes (en Barcelona, por Muchacha) y, en 1962, la Medalla de oro del Salón Nacional de Grabado. En 1960 recibió además una pensión de la Fundación Juan March, otra señal de confianza institucional en su evolución.
Álvaro Delgado Ramos Salida del toro, poema
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La Olmeda de las Fuentes y Asturias: dos patrias pictóricas
A partir de 1965, Delgado se estableció en La Olmeda de las Fuentes (Madrid) y convirtió el lugar en una fábrica de visión. De ese entorno nace una extensa crónica del paisaje y del campesinado: primero una Castilla llena de luz, luego una mirada más sombría, casi catastrofista, donde la desaparición del mundo agrario tradicional pesa como un presagio. En paralelo, Asturias se volvió otra de sus residencias emocionales. Desde 1955 inició contactos con la región y, desde 1956, volvió cada verano a Navia, donde llegó a adquirir espacios para vivienda y estudio. De ahí surge la Crónica del Navia, una especie de registro de geografía y psicología, de tipos humanos y atmósferas cantábricas. Delgado no “visitaba” paisajes: los trabajaba como quien trabaja una biografía.
Álvaro Delgado Ramos Tauromaquia serie III
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Evolución estilística: del clasicismo tenso al expresionismo pleno
Entre finales de los cuarenta y la primera mitad de los cincuenta mantuvo una figuración de corte clasicista, cercana a ciertos salones oficiales y con ecos de canon alargado, donde se adivinan sombras de El Greco y un aire de modernidad contenida. A partir de 1957 se acercó decididamente al expresionismo, no como moda sino como solución: la manera de resistir la presión de la abstracción dominante sin traicionarse. Entre 1970 y 1980 alcanzó una madurez de gran libertad, y en la década de los ochenta intensificó su paleta con rojos, verdes y negros que funcionan como barreras dramáticas, como golpes de conciencia. Su pintura se volvió más gestual, pero nunca perdió estructura: detrás del fogonazo siempre hay construcción.
Álvaro Delgado Ramos Tauromaquia serie V
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El retrato: una obsesión y una firma
Si el paisaje fue su territorio moral, el retrato fue su combate personal. Delgado retrató a escritores, pintores, críticos, figuras de la vida cultural y política, con una idea fija: penetrar en la psicología sin caer en el halago. En 1973 fue elegido académico de número de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y en 1974 ingresó con el discurso El retrato como aventura polémica, contestado por el historiador Enrique Lafuente Ferrari. En esa frase —aventura y polémica— cabe su ética: el rostro como territorio discutido, como lugar donde el tiempo deja marcas que el pintor debe saber leer. Entre los retratados que se le atribuyen aparecen nombres como Jorge Luis Borges, Rafael Alberti, Gonzalo Torrente Ballester, Pío Baroja, Gerardo Diego, José Luis López Aranguren, Juan Carlos I y Sofía de Grecia, además de series dedicadas a figuras históricas y literarias.

Series, pensamiento y pintura “de tema”
Delgado fue también un pintor de series: le interesaba volver sobre una idea hasta agotarla, como si el motivo se defendiera mejor en plural. En 1960 realizó una serie de variaciones sobre Los fusilamientos del tres de mayo de Goya, y en 1974 presentó un apostolado que incluye Doce hombres de la Olmeda. Su pintura no se conforma con lo visible: pregunta por la violencia, por la historia, por la dignidad y por la caída. Esa veta humanística también aparece en series como Eros y Thanatos, donde la vida y la muerte no son conceptos: son materia, carne pictórica.

Instituciones y gestión cultural: del Prado a la Calcografía
Además de crear, Delgado sostuvo responsabilidades que explican su peso real en la cultura española. Fue nombrado vocal del Real Patronato del Museo del Prado en 1970. Y ya en el ámbito académico, su etapa como académico delegado de la Calcografía Nacional entre 1989 y 2006 se recuerda como un periodo de impulso y prestigio. Delgado entendía el grabado como un lenguaje mayor, no como disciplina secundaria: por eso su relación con el arte gráfico fue práctica (obra propia) e institucional (defensa y proyección del medio).
Álvaro Delgado Ramos Tauromaquia serie VI
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Álvaro Delgado Ramos Tauromaquia serie VI.jpg (30.39 KiB) Visto 135 veces
La tauromaquia: un capítulo intenso en su obra
En la producción de Álvaro Delgado, la tauromaquia aparece como un motivo significativo, integrado en su visión general del ser humano y de lo trágico. No es una tauromaquia de postal ni de tópico: es una tauromaquia de tensión, de síntesis y de riesgo. Delgado mira el ruedo como un escenario moral donde se enfrentan fuerza y fragilidad, ritual y verdad. Su interés por Goya —y por la violencia histórica que atraviesa series como La guerra o sus aproximaciones a los fusilamientos— encuentra en el toro una continuidad simbólica: la vida llevada al borde, el destino concentrado en un instante.
Álvaro Delgado Ramos Torero
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Tauromaquia gráfica: series y títulos documentados
En el terreno del grabado se documentan piezas y series con denominaciones directas, como Tauromaquia I (aguafuerte) y estampas ligadas al ciclo Poema del toreo, con títulos como Poema del toreo, natural y variantes dedicadas a distintas suertes. En estas obras, el dibujo no busca la minucia: busca el impacto. La línea se vuelve nervio, el contraste levanta el drama, y la escena se reduce a lo esencial —toro, torero, energía— como si Delgado quisiera que el espectador sintiera el golpe antes de comprenderlo del todo. Su tauromaquia gráfica demuestra, además, hasta qué punto dominaba el arte del síntoma: decir mucho con poco, construir emoción con economía.

Tauromaquia en pintura: la concentración psicológica
También en pintura se conocen obras taurinas concretas. Entre ellas figura Torero frente a la barrera (1994, óleo sobre tabla, 60 × 73 cm), pieza reveladora porque elige el umbral: la barrera como frontera entre el pensamiento y el acto. Delgado no se queda en la “suerte bonita”; se instala en el instante de recogimiento, cuando el cuerpo se vuelve idea y la respiración lo organiza todo. En estas escenas, su paleta —tierras, rojos, negros— y su deformación expresionista subrayan vulnerabilidad y peligro: el torero aparece como figura humana enfrentada a un destino que no admite distracciones.
Álvaro Delgado Ramos Torero, óleo
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Fama, presencia y legado
La fama de Delgado no fue un mito de proximidad; tuvo alcance internacional por bienales, exposiciones y colecciones. Se le sitúa representado en museos y entidades españolas relevantes —con presencia en circuitos como el Reina Sofía o instituciones académicas— y también en colecciones fuera de España, con menciones a plazas como Buenos Aires, San Francisco, la Ciudad del Vaticano, Addis Abeba o Florencia. En 2022, con motivo del centenario de su nacimiento, la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando le dedicó una antológica que reunió óleos y estampas, confirmando lo que su obra ya gritaba en silencio: Delgado pertenece a esa estirpe rara de pintores que atraviesan épocas sin dejarse domesticar.

Cierre: un pintor de pulso largo
Al final, Álvaro Delgado Ramos queda como un nombre imprescindible de la figuración española del siglo XX: un retratista que pintó como quien escucha, un paisajista que convirtió la tierra en conciencia, y un artista que supo llevar la tauromaquia a su territorio natural: el de la intensidad humana, el riesgo y la verdad expresiva. Su obra —por oficio, pensamiento y energía— conserva esa cualidad que no envejece: parece estar ocurriendo ahora.
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Relámpago
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Re: Castilla, Asturias y el ruedo: la vida intensa de Álvaro Delgado Ramos

Mensaje por Relámpago » Sab Ene 10, 2026 9:12 am

Para ser conocido en España en la pintura, hay que llevar al lienzo temas taurinos.

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