La mirada del duende del flamenco y una muerte que retrató a la ciudad

De las cosas de MadridGratis: ocio gratis o muy barato en Madrid, consejos de ahorro; y curiosidades varias.

Moderadores: EstoEsElPueblo, Escribiente

Responder
Avatar de Usuario
EstoEsElPueblo
Mensajes: 2020
Registrado: Jue Ene 24, 2019 1:50 am

La mirada del duende del flamenco y una muerte que retrató a la ciudad

Mensaje por EstoEsElPueblo »

La mirada del duende del flamenco y una muerte que retrató a la ciudad

Un europeo con cámara y paciencia
René Robert nació el 4 de marzo de 1936 en Friburgo, una ciudad suiza donde el orden cotidiano y el aire medieval parecían poco propicios para que surgiera el gran cronista visual del flamenco. Pero esa es, precisamente, la paradoja que define su vida: un hombre formado en la precisión helvética que acabaría siendo recordado como el fotógrafo que mejor supo mirar el temblor emocional de un cante, el instante en que un bailaor se quiebra por dentro o la guitarra aprieta el compás como si no hubiera mañana. Murió en París el 20 de enero de 2022, tras una caída en la calle que lo dejó expuesto al frío durante horas y lo convirtió, a su pesar, en un símbolo público de la indiferencia urbana.
René Robert, fotógrafo, por Prisca Briquet
René Robert foto Prisca Briquet.jpg
El aprendizaje: la vocación sin permiso
Hay biografías que arrancan con diplomas y becas; la de René Robert arranca con un laboratorio doméstico. De niño, con unos doce años, vio cómo el padre de un amigo revelaba fotografías en un espacio improvisado —bodega, cuarto oscuro, refugio de químicos y paciencia— y aquel milagro lento de una imagen apareciendo en el papel le cambió el pulso. Quiso estudiar en Vevey, pero su padre se negó a pagarle esa formación. La decisión, que en otras vidas habría sido un portazo, en la suya fue un método: se hizo aprendiz durante tres años en Lausana, y más tarde trabajó en una agencia de prensa en Ginebra. Antes de ser autor, fue oficio: encuadre, tiempos, luz, el nervio del reportero gráfico.
René Robert Manolo Marín 1967
René Robert Manolo Marín 1967.jpg
París: comer por un lado, vivir por otro
A mediados de los años sesenta se instaló en París. Era la capital que todavía reunía fotógrafos, músicos, artistas, emigrantes, y donde la comunidad española —exiliada o nómada— mantenía sus propias islas nocturnas. Para ganarse la vida, René Robert trabajó en fotografía de moda y publicidad: encargos que “daban de comer”, pero no definían su alma. Esa fractura entre trabajo y vocación se le nota incluso en su manera de contar las cosas: a quien le preguntaba por su secreto, respondía con una frase corta, casi tímida, como si el verdadero argumento no fuera de palabras sino de espera.
René Robert Manos de tío Juané Ronda 1986
René Robert Manos de tío Juané Ronda 1986.jpg
El encuentro con el flamenco: el giro de 1967
El giro llegó en un tablao parisino, Le Catalan, en la rue des Grands-Augustins, un lugar con leyendas de bohemia y una clientela donde cabían guitarras, humo, conversaciones en voz baja y ese tipo de emoción que no se explica: se comparte. Allí conoció a una bailaora sueca que lo condujo, sin grandes discursos, al centro del flamenco. En 1967, con 31 años, fotografió a su primer artista flamenco: Manolo Marín, invitado a su casa. Esa fecha actúa como una bisagra: a partir de ahí, su cámara ya no persigue el brillo; persigue el trance.
René Robert Manuela Carrasco, París, 1983
René Robert Manuela Carrasco, París,  1983.jpg
España: una geografía sentimental
Aunque su domicilio estable siguió en París, su biografía artística se escribe a saltos por España. Viajó con frecuencia a Madrid, Sevilla, Jerez de la Frontera, Cádiz y Granada, siguiendo festivales, funciones, ensayos y noches largas donde el flamenco aparece sin pedir permiso. A veces la gente lo recuerda no por una frase, sino por un modo de estar: discreto, al borde del escenario, con el cuerpo quieto y el ojo atento. Su castellano no era académico; lo chapurreaba en una mezcla personal de francés y español que, sin embargo, los artistas entendían. La comunicación iba por otra vía: la confianza que se gana sin invadir, la forma de mirar sin exigir.
René Robert Camaron de la Isla y Tomatito París 1985
René Robert Camaron de la Isla y Tomatito París 1985.jpg
La obra: el blanco y negro como juramento
Su estilo fue una declaración: blanco y negro con contrastes fuertes, claroscuros intensos, una estética que muchos compararon con el tenebrismo de Caravaggio. En una época en la que el color prometía modernidad, él sospechaba de lo vistoso: decía que el color podía resultar “demasiado turístico”. Su método era más lento y, por eso, más exacto: película, laboratorio, copias trabajadas a mano, exposición ajustada con paciencia. Cada revelado era una decisión moral: dónde cae la sombra, qué rostro se salva de la oscuridad, qué gesto queda suspendido para siempre.
René Robert Carmen Linares, Aguilar de la Frontera 1993
René Robert Carmen Linares, Aguilar de la Frontera 1993.jpg
Los retratados: un archivo de medio siglo
Por su objetivo pasaron nombres que hoy forman el mapa mayor del flamenco contemporáneo: Paco de Lucía, Camarón de la Isla, Enrique Morente, Chano Lobato, Fernanda de Utrera, Agujetas, El Chocolate, Tomatito, Antonio Gades, Cristina Hoyos, Sara Baras, Carmen Linares, Vicente Amigo, Israel Galván, Rocío Molina… A lo largo de décadas llegó a retratar a cientos de artistas y, en algunos casos, a fotografiarlos en distintas edades, como quien documenta no solo una carrera, sino el paso del tiempo por un rostro. Su imagen de Camarón de la Isla utilizada como cartel para los conciertos del Cirque d’Hiver en 1986 y 1987 se convirtió en icono: un resumen visual de rabia y gracia en un solo encuadre.
René Robert Corral de la Morería 1968
René Robert Corral de la Morería 1968.jpg
Libros, exposiciones y legado institucional
Publicó libros que han circulado como referencias inevitables entre aficionados y estudiosos: Flamenco (1993), La Râge et la Grâce: Les Flamencos (2001) y Flamenco Attitudes (2003), además de La Voz de los flamencos (2008). Expuso en ciudades europeas como París, Nîmes, Roma, Luxemburgo y Nantes, alimentando ese puente cultural —tan francés como español— por el que el flamenco dejó de ser folclore y pasó a ser, sin discusión, arte mayor. En 2021, consciente del valor documental de su archivo, donó un conjunto de 593 fotografías a la Bibliothèque nationale de France: un gesto de generosidad y, también, de responsabilidad histórica.
René Robert Fernanda y Bernarda
René Robert Fernanda y Bernarda.jpg
Tauromaquia: lo que se sabe y lo que no se debe inventar
En la documentación reunida y en los textos de referencia, René Robert no aparece como fotógrafo taurino ni como aficionado público destacado a la tauromaquia. No constan series fotográficas taurinas con continuidad, ni publicaciones especializadas, ni testimonios directos suyos sobre corridas o toreros. Lo que sí puede decirse —sin forzar la biografía— es que su obra vive cerca del mismo territorio estético que la tauromaquia ha compartido a menudo con el flamenco: el rito, el riesgo emocional, el instante irreversible. Pero atribuirle una “obra taurina” concreta sería cruzar una línea: la del dato hacia la invención.
René Robert
René Robert.jpg
La muerte: una noticia que lo volvió personaje público
La noche del 19 de enero de 2022, René Robert salió a pasear por su barrio, cerca de la plaza de la República, como hacía con frecuencia. Cayó en la rue de Turbigo y permaneció en el suelo durante horas, ignorado por quienes pasaban. Finalmente, una persona sin hogar dio la voz de alarma. Ingresó en el hospital Cochin con hipotermia severa y murió el 20 de enero. Su amigo, el periodista Michel Mompontet, resumió el golpe moral con una expresión que quedó pegada a la noticia: una muerte por indiferencia. A partir de ahí, el fotógrafo discretísimo se convirtió en tema de conversación nacional. Y esa ironía final —el hombre que miró durante medio siglo, sin ser mirado en la acera— terminó de fijar su figura en la memoria pública.
René Robert Agujetas Paris 1991
René Robert Agujetas Paris 1991.jpg
Una conclusión en voz baja
Queda su obra: el archivo que permite ver cómo cambió el flamenco desde los tablaos oscuros a los grandes teatros; el gesto exacto del cantaor, la mano del guitarrista, el latigazo del baile. Queda también su lección, que no se enseña en escuelas: mirar sin devorar, esperar sin impaciencia, fotografiar sin invadir. René Robert fue eso: una cámara humilde al servicio de lo irrepetible.
Un foro :idea: es mejor que twitter, mejor que facebook, mejor que instagram... ¿por qué? Este foro es taurino; las redes sociales son antis :evil: .

RidiCuler
Mensajes: 262
Registrado: Vie Abr 15, 2022 7:46 pm

Re: La mirada del duende del flamenco y una muerte que retrató a la ciudad

Mensaje por RidiCuler »

Este hombre estuvo como diez o doce horas caído en una calle de París, una calle transitada y nadie, nadie se interesó por un hombre mayor caído en el suelo, durante horas y horas, en los días fríos del crudo invierno. ¿Somos iguales todas las personas a lo largo y ancho del mundo?
Responder