Silvino Zafón, del ruedo a la guerra y del exilio al olvido

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Silvino Zafón, del ruedo a la guerra y del exilio al olvido

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Silvino Zafón, del ruedo a la guerra y del exilio al olvido

A Silvino Zafón no lo derrotó un toro. Lo derrotó el siglo. Nació el 12 de septiembre de 1908 en La Estrella, una aldea de Mosqueruela, y murió el 14 de marzo de 1963 en Orange, al sur de Francia, cuando una mobylette le salió al paso del destino. Entre una fecha y otra quedó una vida de novela seca: pastor de niño, panadero en Barcelona, novillero de ascenso firme, matador en plena Guerra Civil, combatiente republicano, preso, sospechoso, exiliado y, al final, torero borrado durante demasiado tiempo por la historia oficial.
Silvino Zafón torero
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Se hizo hombre pronto. A los ocho años ya trabajaba como pastor, y a los doce marchó a Barcelona para ganarse el pan en el negocio de un familiar. Allí aprendió justamente eso, a hacer pan, antes de aprender a hacer el paseíllo. De madrugada amasaba harina; después, en cualquier descampado, iba amasando otra cosa más difícil: una vocación. En la Ciudad Condal se contagió del ambiente taurino y empezó a manejar capa y muleta con la seriedad de quien sabe que el toreo no era un adorno, sino una posible salida.
Silvino Zafón con sus padres
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Debutó en público en Vinaròs, el 1 de septiembre de 1928, anunciado como Silvino Rodríguez. Aquel mismo año toreó catorce festejos en el Midi francés, una señal temprana de que no era un muchacho de capricho, sino uno de esos novilleros que se abrían paso a base de kilómetros, hambre y valor. Su presentación en Madrid, el 28 de junio de 1930, ya lo colocó en un escaparate mayor. No llegó a la capital por accidente: llegó porque se lo había ganado.

Los años de la República empujaron su carrera hacia arriba. Fue un novillero de cartel creciente, especialmente en el Levante y en Cataluña. En 1932 firmó la temporada más abundante de su trayectoria, con 31 festejos, y su nombre empezó a sonar con fuerza bastante antes de que la guerra lo convirtiera en personaje histórico. En 1933 fue además el gran nombre de la inauguración de la plaza de Vilafranca del Cid, señal inequívoca de su tirón en la comarca. Aquel torero salido de una aldea remota ya tenía detrás una afición que lo sentía propio.
Estatua de Silvino Zafón en un paisaje nevado
Plaza de toros de Villafranca del Cid, Albero y plata.jpg
Su alternativa llegó en la hora más extraña. El 16 de mayo de 1937, en la Monumental de Barcelona, Pedro Basauri “Pedrucho” le cedió los trastos con Jaime Noaín de testigo y toros de Pellón. Fue una ceremonia taurina atravesada por la guerra, casi una afirmación de vida en mitad del estruendo. Pero la biografía de Silvino Zafón tiene esa crudeza de los destinos malheridos: cuando parecía entrar por fin en el rango de matador, la historia le cambió el vestido de luces por el uniforme. Toreó todavía dos corridas más tras el doctorado y se incorporó luego a la 96.ª Brigada Mixta, la célebre Brigada de los Toreros integrada por novilleros y subalternos en su mayoría en el Ejército de la República.
Javier Pérez Gómez, La Brigada de los Toreros. Historia de la 96 Brigada Mixta del Ejército Popular
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La guerra no solo le interrumpió la carrera: se la dejó herida para siempre. Acabado el conflicto, el nuevo régimen no reconoció la alternativa tomada en zona republicana, de modo que Zafón se vio obligado a regresar al escalafón de novilleros. Reapareció en Las Arenas de Barcelona el 8 de junio de 1939, pero ya jugaba una corrida distinta, sin reglas limpias y con el viento del poder en contra. Empresarios y públicos afectos al régimen le cerraron puertas. La plaza, para él, dejó de ser solo lugar de gloria y pasó a ser también frontera.
Anís Niño de la Estrella
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Anís Niño de la Estrella.jpg (33.58 KiB) Visto 643 veces
La posguerra le apretó todavía más. En 1945 fue detenido en el contexto de la represión contra la red del maquis vinculada a “Petrol”; pasó por prisiones de Castellón, Teruel y Zaragoza, y quedó libre condicionalmente por falta de pruebas. Aquello terminó de quebrar una trayectoria ya muy castigada. Hubo una vuelta fugaz a los ruedos, con actuaciones documentadas en esos años finales de su etapa española, pero su porvenir taurino estaba prácticamente clausurado. España se le había hecho estrecha.

Terminó marchándose a Francia, donde siguió unido como pudo al mundo taurino. Allí, lejos de su sierra y lejos también del foco español, vivió con esa mezcla de orgullo y sombra que acompaña a tantos exiliados. Murió en Orange el 14 de marzo de 1963, a los 54 años, en un accidente de tráfico, y fue enterrado en Arlés. El final tuvo algo de ironía triste: un hombre que había sorteado toros, guerra, cárcel y persecución encontró la última embestida en una carretera.
Silvino Zafón El niño de la Estrella Villafranca del Cid
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Hoy su figura vuelve a levantarse donde nunca debió caer. Vilafranca del Cid lo recuerda con homenajes, trofeo y memoria pública; el Ayuntamiento presentó la biografía de Rafael Monferrer, y la localidad sigue vinculándolo a la inauguración de su plaza. No fue solo un torero con historia: fue un torero al que la historia quiso tachar. Y, sin embargo, aquí sigue. Porque hay vidas que no caben en una esquela ni en una estadística. La de Silvino Zafón cabe mejor en una frase de impacto: tuvo madera de figura, pero le tocó torear contra el siglo.
Un foro :idea: es mejor que twitter, mejor que facebook, mejor que instagram... ¿por qué? Este foro es taurino; las redes sociales son antis :evil: .

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